miércoles, 22 de junio de 2016

Los fascinantes monasterios de Meteora

Cuando uno visita Meteora en la región de Tesalia, al norte de Grecia, no deja de asombrarse al observar sus magníficos monasterios bizantinos en lo alto de los peñones que alcanzan los 600 metros de altura formando una especia de bosque de rocas, donde gobierna la tranquilidad y el silencio.


Este increíble paisaje se encuentra cerca de Kalambaka, en la desembocadura del río Peneo, sobre la bella planicie de Tesalia, a unos trescientos metros de altura sobre el nivel de dicha planicie. Para ponernos en antecedentes, allá por el siglo XI los primeros eremitas comenzaron a habitar en cuevas y celdas de la zona debido a que la orografía del lugar facilitaba la vida ascética, que consistía en retraerse lejos de la colectividad para ocupar lugares desérticos.

Ya en el siglo XIV el prelado San Athanassios, funda el primer monasterio sobre las rocas, llamado “Platylithos” y bautiza a la roca con el nombre de meteora. Así pues, reúne a 14 monjes de las rocas circundantes, organiza una cofradía y crea las primeras bases de la vida monacal en comunidad.
En su época más dorada, el lugar llegó a tener veinticuatro templos. Hoy en día se mantienen en pie 6, cuatro destinados a hombres y dos a mujeres: el monasterio de la Transfiguración de Cristo, San Varlaam, el de San Nikolas Anapafsas, el de Roussanos, el de la Santa Trinidad, el de San Esteban y el de Varlaam.


La disposición de los monasterios impedía que la ascensión a los mismos fuese facil, así pues los propios monjes idearon un sistema que consistía en unas redes donde se montaban y eran tiradas por ellos mismos a través de cuerdas como se aprecia en la fotografía:

Por su peculiar belleza y grandiosa arquitectura, Meteora fue declarado Patrimonio Mundial por la Unesco en 1988.

Vía Viajeros.com

Para saber más:

- Grecotour: Monasterios de Meteora.

- Las Meteoras. Theocharis M. Provatakis. Michalis Toubis S.A. Atenas, 1983.



lunes, 20 de junio de 2016

La concepción spinozista de la moral

La ética “naturalista” y “racionalista” de Spinoza comienza subrayando que a la hora de entender las cuestiones morales de las que se ocupa la ética filosófica no debe exagerarse el papel tradicionalmente asignado a la libertad, la voluntad o el libre albedrío. Es equivocado y erróneo entender la libertad de la voluntad de un modo absoluto pero ¿por qué?

En primer lugar, los seres humanos son parte de la Naturaleza (la única Sustancia), son parte del Todo, y no algo separado, desgajado, independiente y autosuficiente. Y en la Naturaleza hay una peculiar primacía de la “necesidad” -de la ley y el orden- sobre la pura “libertad”, y esto tiene que reflejarse en el territorio mismo de la moral; una prueba indirecta de que en efecto así es la encontramos en lo siguiente: cuando alguien justifica retrospectivamente una conducta suya suele decir: “tuve que actuar así”, es decir, argumenta que su acción estuvo movida, en última instancia, aunque fuese “acto libre”, realizado sin coacción, por la “necesidad”.

Como autor racionalista Spinoza afirma que la conducta moral implica un conocimiento ético, es decir, supone que los seres humanos tienen “ideas”, unas veces se trata de ideas adecuadas, claras y verdaderas, y otras de ideas inadecuadas, confusas, falsas (en el caso de la moral estas ideas se refieren a fines, metas, propósitos). ¿Qué defiende, en general, una ética racionalista? Que los seres humanos actúan racionalmente, según la guía de la razón, cuando apoyan sus conductas en ideas morales adecuadas, claras, verdaderas.



Es importante destacar que a juicio de Spinoza, las acciones humanas, sus conductas, tienen su raíz en las pasiones, en los impulsos, en los apetitos. Cuando se niega esto, como ocurre a veces, la ética se vuelve quimérica y dañina por perder su suelo (lo pasional en el ser humano no puede ser extirpado salvo al precio de la infelicidad completa, como sucede con el puritanismo represivo de los impulsos vitales). En los seres humanos, pues, el deseo es el motor de las acciones, su fuerza motivadora, el resorte que las espolea. Sucede entonces que, desde las pasiones, en ellas y con ellas, se concreta, define y distingue el bien y el mal, la felicidad y la desdicha. Por extraño que parezca a primera vista la ética racionalista es una ética de las pasiones, y lo es porque la “esencia” de los seres humanos está en su “deseo” (en latín, “conatus”).

El primer impulso, el instinto básico, es del de la autoconservación, lo que Spinoza llama “perseverar, cada uno, en su ser”. Pero esto no es todo: el ser humano no sólo puja por sobrevivir, anhela algo más elevado y más complicado de conseguir, aspira a la virtud, al bien, a la felicidad. Y la clave de su logro o consecución está en una equilibrada combinación entre lo pasional y lo racional.  Las pasiones básicas son las alegres, por un lado, y las tristes por otro. Ellas son los indicativos, respectivamente, de la felicidad y de la desdicha. Pero ¿en qué consiste, según Spinoza, la felicidad anhelada y perseguida por la vida humana? El ser humano es feliz con el incremento de su potencia de actuar, con la expansión de sus capacidades; la infelicidad, al contrario, está en la disminución de su poder de acción, por eso las pasiones tristes son, en el fondo, provocadas por la impotencia, por “no poder hacer algo” que nos motiva y estimula. La tarea principal de la vida moral se concreta, pues, en último término, en lo siguiente: el desafío está en que las pasiones alegres (el amor, en definitiva) sustituyan y desplacen a las pasiones tristes (el odio, el resentimiento, la frustración). Este es, afirma Spinoza, el único camino racional hacia la felicidad, el bien, la perfección. Un camino arduo, difícil, pero el único que conduce a una vida plena.

Un último detalle para concluir. Puesto que el poder de actuar, la capacidad de acción, está vinculada con el conocimiento del mundo en todos sus aspectos, facetas y dimensiones, la vida feliz, la vida virtuosa, según Spinoza, es la vida del sabio, en cambio, la vida desdichada es la vida del ignorante, del inculto, del necio. Spinoza retoma de esta manera la conexión clásica procedente del mundo griego entre la virtud, la felicidad y la sabiduría.




jueves, 16 de junio de 2016

Podemos desde la Historia

Es innegable la sorpresa, el desconcierto y las improvisadas reacciones que provoca la irrupción de Podemos, fuera de los medios sociales y digitales que le dan vida, y su continuado ascenso en los sondeos de opinión. La razón es que no acaba de comprenderse, en mi opinión, que es más consecuencia que causa. Es como si se mirara el dedo y no lo que señala: los cambios -para nada coyunturales- económicos y sociales, de mentalidad y actitud política que está experimentando la España del siglo XXI.

Visto en perspectiva histórica destacaríamos al respecto dos novedades interelacionadas: la metamorfosis de un movimiento social en fuerza política, y la fractura creciente del pacto social y territorial surgido en la transición a la democracia entre 1977-1981

El 15-M es el único de los movimientos indignados que, entre 2011 y 2014, desde Túnez a São Paulo pasando por Lisboa, Madrid, Grecia, New York y México, ha desembocado netamente en un partido político ex novo, espoleado por la crisis de la democracia española como sistema de representación y gobierno. Orígenes que explican dos peculiaridades de Podemos que lo distinguen de los restantes partidos y definen como un movimiento socio-político: democracia digital y participación directa de la sociedad en sus dinámicas internas y externas. La figura abierta del inscrito (349.500 en este momento, febrero de 2015), va más allá de los simpatizantes tradicionales: tienen la última palabra tanto sobre la elección de dirigentes como de programas, alianzas y otras decisiones políticas de calado… por encima de los militantes y los órganos de dirección. El entrelazamiento de la acción política -pronto desde las instituciones- y electoral con la movilización en la calle, como se demostró el pasado 31 de enero de 2015 reproduciendo en solitario las grandes manifestaciones en Madrid del 15-M en 2011, 2012 y 2013, combinando mitin político con manifestación-concentración Cibeles-Sol. 

Esta doble dimensión de Podemos como sujeto político y sujeto social aclara por qué las descalificaciones y los ataques personales a sus máximos dirigentes no parecen estar afectando a las encuestas electorales, ni a su capacidad de movilización social. ¿Por qué no surgió algo como Podemos (Syriza existe desde 2004) en otros países europeos tanto o más golpeados que España por la crisis y las políticas de austeridad, dónde hubo también grandes movimientos indignados?



Lo específicamente español es, pues, la yuxtaposición de la crisis económica con el agotamiento del modelo de democracia (bipartidista) imperante en los últimos 30 años, y el distanciamiento generacional con una transición limitada en su tiempo por el Ejército y los aparatos represivos del franquismo, con su correlato inhibidor del alcance de los movimientos sociales de los años 70 pro-ruptura democrática.  Hace muchos años que tales obstáculos han dejado de existir, y las preciadas libertades conquistadas entonces permitieron, a partir de 2011, expresarse masivamente en la calle -y después en las urnas- a la generación española del milenio, nacida en democracia al grito de “le llaman democracia y no lo es”, contra los defectos y carencias de origen que han facilitado políticas que nos llevaron al desempleo masivo y un notable deterioro de la economía y el Estado de Bienestar que florecieron, después de la dictadura, pese a las secuelas de una transición imperfecta hoy muy rechazada por una juventud universitaria precaria, los parados, la clase media empobrecida y las víctimas del franquismo y sus descendientes. Esta quiebra del consenso social que siguió al consenso político de la transición ha tenido, por ahora, cuatro momentos clave:

- La brecha más remota es la excavación en 2000 de la primera fosa de desaparecidos de la Guerra Civil en El Bierzo por obra de la generación de sus nietos, que dio comienzo a un proceso inacabado de recuperación de la memoria histórica que hizo trizas el acuerdo no escrito de la transición de no pedir ni rendir cuentas por la represión franquista. La ONU sigue exigiendo a España justicia, verdad y reparación para las víctimas, sin grandes resultados. Asignatura pendiente que volverá, probablemente, al primer plano después de las elecciones de diciembre de 2015.

- El 15 de mayo de 2011 tuvo lugar la primera manifestación de los indignados. Un año después de la decisión del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero de aceptar el diktat alemán y europeo que situó el pago de la deuda como primera obligación al margen de sus efectos destructivos tanto sociales como económicos. Repetidamente subestimado y ridiculizado por partidos y medios de comunicación, el nuevo movimiento social continuó año tras año transmutando de formas y contenidos, acciones y focos de iniciativa, gracias justamente a su carácter espontáneo y escasa “organización”. Un 70-80 % de los españoles le mostraron primero su simpatía, asumiendo masivamente -en una segunda fase- un sentimiento transversal de indignación que no cesa. El contagio indignado al conjunto de la sociedad es, sin lugar a dudas, el primer gran éxito del histórico 15-M

- El 11 de setiembre de 2012 se inicia en Cataluña un movimiento social inédito en favor de la independencia, al que posteriormente se unieron los partidos nacionalistas. Coincide con los anteriores movimientos sociales en cuestionar los acuerdos de cúpula durante la transición, y con el 15-M en responder de alguna manera al telón de fondo de una crisis económica que no se entiende, ni se puede resolver, sin considerar su dimensión social y política, es decir, global. El deseo activo de una parte considerable de la sociedad catalana de separarse de España, entraña una tercera fisura del pacto social de la transición. Grave rotura en el ámbito territorial, difícilmente reversible sin una o varias votaciones específicas, desde el instante mismo en que participan de la disidencia las instituciones representativas de Cataluña derivadas de la Constitución de 1978.

- La cuarta clave (que viene de llave) es el exitoso salto a la política de los indignados en las elecciones europeas del 25 de mayo de 2014. El 15-M no estaba muerto, estaba madurando. Se presentaron varias opciones electorales de filiación indignada, y obtuvo su confianza Podemos, fundada por jóvenes profesores de Ciencia Política de la Universidad Complutense, cuyo mayor y ulterior logro ha sido transformar un movimiento asambleario y digital en una fuerza política que habla con una sola voz al tiempo que mantiene la democracia directa, desmintiendo, una vez más, las aproximaciones superficiales a los indignados como un fenómeno anecdótico, pasajero, no histórico. Podemos viene hablando de promover el “cambio político” aprovechando las transcendentales citas electorales de 2015, buscando por tanto pasar de consecuencia a causa, de la protesta al Gobierno. Ambición legítima, para muchos necesaria y para otros “peligrosa”, cuya consecución depende, y mucho, de lo que puedan hacer o dejar de hacer paralelamente los restantes sujetos políticos, viejos y nuevos, en relación a los cambios de fondo que trastornan y conmueven la sociedad española en esta hora de globalización y crisis. 



¿Se están planteando otros dar solución al desfase social creciente con las instituciones españolas emanadas de la transición y los gobiernos pro-austeridad?  

El Partido Popular tiene una posición clara: oposición radical a cualquier cambio de política económica que no autorice o promueva Alemania, a reformar la Carta Magna, a introducir formas más participativas de hacer política, etc. 

El PSOE se debate entre el ser y el no ser, entre la nostalgia por el bipartidismo perdido y una reforma de la Constitución que anule el artículo 135, mejore la calidad de nuestra democracia y regule un nuevo Estado federal, según enunció no hace mucho Pedro Sánchez (veremos si persevera y le dejan…). 

De no ser así, si nuestra tesis de fondo histórico es acertada, Podemos tendría el camino libre para consolidar el primer puesto que le dan ya algunas encuestas, gobernar España con el apoyo de IU e izquierdas nacionalistas, a fin de reforzar internacionalmente los esfuerzos de Grecia y otros países por mudar las políticas de austeridad por crecimiento en Europa, insuflando simultáneamente nuevos bríos a la democracia que tanto nos costó conquistar hace 40 años.

Artículo de Historia Inmediata censurado por el diario El País en 2015 en plena campaña mediática contra el partido emergente, en una situación que se repite actualmente de cara a las elecciones del 26-J.

Profesor Carlos Barros

Doctor en Historia 
Universidad de Santiago de Compostela
Coordinador de Historia a Debate - Historia Inmediata

miércoles, 15 de junio de 2016

Características del racionalismo spinozista

Podemos decir que el proyecto filosófico del pensador holandés de origen judío Baruch Spinoza (1632-1677) se adscribe perfectamente a la corriente racionalista por tres características generales:

En primer lugar, su filosofía subraya el carácter modélico del conocimiento causal. Para Spinoza, el conocimiento de las causas es paradigmático en la medida en que constituye el modelo de conocimiento verdadero: sólo cuando damos razón de las causas para explicar los efectos estamos ofreciendo un modelo para entender, en un siguiente paso, la reducción de toda causalidad a la causalidad inmanente. O dicho en otras palabras: sólo en la medida en que hacemos de la búsqueda de los nexos que explican la realidad la máxima que guíe nuestro comportamiento filosófico entederemos que todos ellos son, en última instancia, la expresión de una necesidad racional absoluta, que Spinoza identifica con Dios. Ahora bien, en ningún momento debe entenderse a Dios como creador del mundo, ni como voluntad, sino como sustancia única, como necesidad absoluta, eterna, impersonal del que provienen los infinitos atributos y los infinitos modos que constituyen el mundo. El conocimiento de Dios es por tanto el supuesto indispensable para el conocimiento de todas las cosas. En este sentido, para Spinoza el conocimiento causal, aunque eminentemente influido por la ciencia moderna, debe subordinarse en todo momento a la comprensión de que nada puede existir fuera de Dios, de que Dios y mundo son una y la misma cosa en virtud de su orden necesario, por lo que quedan excluidas las causas finales y las consideraciones teleológicas.

Baruch Spinoza
En segundo lugar, la importancia que el filósofo atribuye a la razón y a su funcionamiento interno radica en el hecho de que se trate de aquella forma de conocimiento de las ideas adecuadas que es común a todos los hombres. La ratio es ciertamente el sello de identidad de los autores racionalistas, pero en Spinoza adquiere una dimensión específica porque no sólo capta las ideas con claridad y distinción (premisa fundamental en Descartes), sino también sus nexos necesarios. El conocimiento racional capta las causas de las cosas y la cadena de las causas, y comprende asimismo su necesidad. En consecuencia, la facultad de la razón permite aprehender las cosas no como contingentes –es decir, que pueden ser o no ser–, sino como necesarias, de lo que se sigue asimismo su vínculo con la necesidad expresada por Dios. Como escribe en su Ethica, su obra principal: «Es propio de la naturaleza de la razón el considerar las cosas como necesarias y no contingentes. La razón percibe dicha necesidad de las cosas de acuerdo con la realidad, tal como es en sí misma. Pero esta necesidad de las cosas de acuerdo con la realidad, es la misma necesidad de la naturaleza eterna de Dios. Por lo tanto es propio de la naturaleza de la razón considerar las cosas bajo esta especie de eternidad».

De las dos primeras características se deduce, en tercer lugar, el carácter paradigmático del método matemático. Spinoza se propone construir un sistema filosófico more geométrico, es decir, un sistema que tome como modelo el procedimiento deductivo de las matemáticas, concretamente el propuesto por el método deductivo-geométrico euclidiano. En rigor, la naturaleza de las figuras geométricas expresa un orden necesario de las cosas que puede ser aplicado a la realidad. Ofrece un modelo para conocer verdaderamente el mundo, describe una auténtica norma de la verdad, ya que al partir de un primer principio del que se deducen demostrativamente todos los demás se está garantizando la correspondencia entre el orden de las ideas y el orden de lo real. Pensemos, por ejemplo, en la naturaleza del triángulo, y en el hecho de que todos los teoremas concernientes al mismo procedan de forma rigurosa de su definicón matemática. Pues bien, el hecho de que no puedan no proceder, esto es, el hecho de que no sean contingentes sino necesarios, implica para Spinoza que el orden geométrico expresa, igual que Dios, la sustancia misma de las cosas. De hecho, es su perfecta analogía: las cosas derivan necesariamente de la esencia de Dios, al igual que los teoremas proceden necesariamente de la esencia de las figuras geométricas.

martes, 14 de junio de 2016

Chester Carlson y la fotocopiadora

Chester Carlson, inventor de la fotocopiadora, nació en 1906 en estados Unidos y falleció en 1968. Tenía 31 años y dirigía un departamento de patentes cuando se dio cuenta de que no había suficientes copias de las condiciones de las patentes, que eran reproducidas bien por fotografía (que salía caro) o escribiéndolas varias veces. Pensaba que debía haber alguna manera de hacer este proceso menos costoso, y como lo que le interesaban eran los inventos se puso a investigar.

Chester Carlson, inventor de la fotocopiadora.

Al buscar un proceso no fotográfico, dio con los materiales fotoconductores. Estos conducen la electricidad sólo en el momento en el que se proyecta luz sobre ellos. Si se carga una lámina de fotoconductor con electricidad estática, atrae el polvo. Pero si la lámina cargada se expusiera a la luz reflejada por una hoja de papel impreso antes de caer el polvo, la electricidad se filtraría por las partes blancas sin imprimir. El polvo formaría un reflejo exacto que podría transferirse a una hoja de papel, para conseguir una copia idéntica. Cuando Carlson solicitó una patente, 20 empresas le rechazaron. Más tarde, el Battelle Memorial Institute le apoyó y creó una empresa llamada Haloid, que después sería Xerox. En 1959 nació la primera fotocopiadora funcional.

El invento le convirtió en multimillonario pero, lejos de la ambición,  decidió crear un fondo millonario para apoyar a seis universidades de Estados Unidos con becas, laboratorios, centros de investigación y tecnología punta para estimular la creatividad de los jóvenes. Es por ello, que la compañía Xerox entrega anualmente un premio, en su memoria, a todo aquel que presente alguna innovación a la enseñanza de la Ingeniería que contribuya significativamente a la profesión.

Sin duda un gran invento que revolucionó aquella época y que sigue siendo imprescindible en nuestro día a día. 

Fuente de la fotografía: rapgenius.com

Fuente del artículo: EcuRed

lunes, 13 de junio de 2016

Mitrídates, el peor enemigo de los romanos

Enérgico y ambicioso, el poderoso rey del Ponto empleó todos los medios para expulsar a Roma de Asia Menor, incluido el asesinato en masa, hasta que una traición acabó con su sueño

Desde el año 291 a.C., el Ponto, una zona montañosa al noreste de Anatolia (actual Turquía), estaba gobernado por una dinastía de origen persa; como la mayoría de sus reyes, incluido su fundador, se llamaron Mitrídates, se habla de dinastía mitridática. Fue Mitrídates VI, apodado Eupátor, «Buen Padre», quien llevó el reino del Ponto a su máximo apogeo y fue durante décadas una auténtica «bestia negra» para Roma, cuando ésta empezaba a extender su poder por Oriente.

Mitrídates Vi, rey del Ponto, representado como un triunfante Hércules, con la piel del león de nemea como tocado. Busto de mármol, siglo I a. C.
Los primeros años de Mitrídates se encuentran rodeados de leyendas. Se decía que cuando nació en Sínope (en 132 a. C.) un cometa apareció en el cielo presagiando su extraordinario destino; y que le alcanzó un rayo que sólo quemó sus pañales y le dejó una marca en la frente. Cuando su padre Mitrídates V murió, tal vez envenenado, se convirtió en rey con tan sólo once años, pero se retiró prudentemente de los peligros e intrigas de la corte, mientras su madre Laódice actuaba como regente. Cuando tenía unos veinte años volvió a la capital y se hizo con el poder efectivo; no dudó en desembarazarse de su madre y de su hermano encerrándolos en prisión hasta su muerte o, según otros, ordenando que los mataran.

Mitrídates fue un personaje fuera de lo común, destacaba por su gran estatura y su fuerza. En su juventud vivió en regiones salvajes de su reino y endureció su cuerpo con la práctica de la caza y la equitación. Hombre inteligente y con excelente memoria, aprendió las lenguas de los veintidós pueblos que conformaban su reino. Apiano escribió: «Era sobrio y sufrido en los trabajos y sólo cedió a los placeres de las mujeres». Tuvo, en efecto, numerosas esposas y concubinas, mujeres de todas clases de las que se encaprichaba durante sus viajes.

Exterminar a los romanos

Ambicioso y audaz, Mitrídates quiso desde el primer momento crear un gran reino en Anatolia y en torno al mar Negro. Pronto extendió su dominio a la Cólquide (actual Georgia) y la mayor parte de las costas que rodean el mar Negro por él este hasta Crimea (donde defendió a las ciudades griegas del ataque de los escitas). Anexionó asimismo las regiones limítrofes de Capadocia, Paflagonia y Galacia, y, para asegurarse la alianza de la poderosa Armenia, casó a su hija Cleopatra con el rey Tigranes.

Pero el sueño expansionista de Mitrídates tropezaba con un obstáculo: la presencia de Roma en el oeste de Anatolia, donde poseía la zona costera del Egeo –la provincia de Asia– y mantenía bajo su protección a un reino de gran importancia estratégica, Bitinia. Los romanos también ambicionaban expandirse hacia el este y, en el año 89 a. C., el legado consular romano en la provincia de Asia, Manio Aquilio, indujo al rey de Bitinia a declarar la guerra a Mitrídates. Éste se había preparado secretamente para un conflicto con Roma. Al frente de un ejército formado por nuevos reclutas, que llevaban armas decoradas con oro y armaduras con brillantes joyas, el rey del Ponto invadió Bitinia sin encontrar apenas resistencia. A continuación entró en la provincia de Asia, cuyos habitantes llevaban décadas sufriendo la feroz explotación de los gobernadores y los recaudadores de impuestos romanos, los publicanos. El vencedor, en teoría un «bárbaro», fue acogido en las ciudades griegas como un libertador y se le llamó «salvador de Asia» y «nuevo Dioniso».



Mitrídates no se conformó con la victoria militar. En el año 88 a. C., para garantizarse la lealtad de sus nuevos súbditos, dio órdenes secretas desde Éfeso para que en un mismo día fuesen asesinados todos los ciudadanos itálicos de la provincia, con sus esposas, hijos y libertos. Fue una de las masacres más terribles de la historia. El día fijado, los griegos de la zona se entregaron a la carnicería. Los romanos fueron reunidos y abatidos en masa; la muchedumbre mató sin piedad incluso a aquellos que buscaron refugio en los templos y se abrazaron a las estatuas de los dioses. Los suplicantes acogidos en el templo de Ártemis de Éfeso, lugar de asilo desde tiempos remotos, fueron arrastrados al exterior y asesinados. Según las fuentes antiguas, unos 80.000 itálicos murieron en aquella sangrienta jornada.

El propio Mitrídates dio un ejemplo de crueldad que impresionó a sus contemporáneos. Había logrado capturar al legado romano Manio Aquilio, al que llevó a Pérgamo cargado de cadenas y lo exhibió en la ciudad atado a un asno. Luego mandó fundir algunos objetos de oro y ordenó que vertieran el ardiente líquido por la garganta del condenado. La bárbara ejecución tenía por fin censurar el ansia de riqueza de los romanos. Según un historiador romano, Mitrídates clamó: «Belicosos contra toda nación, pueblo y rey bajo el sol, a los romanos sólo los mueve un motivo: la arraigada codicia de imperio y riquezas». El implacable soberano también difundió una supuesta profecía de la Sibila de Cumas según la cual aparecería un gran rey de Oriente con la misión de vencer y humillar a la potencia romana. El anuncio pareció cumplirse del todo poco después, cuando un general de Mitrídates cruzó el Egeo y tomó la isla de Delos, que Roma había convertido en un gran centro comercial; 20.000 personas, en su mayor parte romanos, fueron ejecutadas. Casi toda Grecia, con Atenas a la cabeza, se pasó al bando de Mitrídates, creyendo que de este modo recobraría la independencia.

Éfeso

La venganza de Roma

Sin embargo todo cambió cuando el general romano Sila se presentó en Grecia con sus legiones, en 87 a. C. Sila asaltó Atenas y venció sin mucho esfuerzo en diversas ocasiones a los ejércitos de Mitrídates, que no eran rival para las disciplinadas legiones. El soberano del Ponto, aprovechando que Sila deseaba volver cuanto antes a Roma, firmó una paz por la que renunciaba a sus conquistas y pagaba una indemnización por los gastos de guerra, pero mantenía intacto su reino. Roma, sin embargo, no podía olvidar tan fácilmente lo sucedido. El desafío de Mitrídates exigía un castigo ejemplar. Entre los años 83-81 a. C. se desarrolló la segunda guerra mitridática; el general Licinio Murena invadió el Ponto, pero tuvo que retirarse. La tercera y definitiva guerra estalló cuando Roma heredó Bitinia al morir su rey, Nicomedes IV, en el año 74 a.C. Al año siguiente, Mitrídates invadió Bitinia con un nuevo ejército, organizado en cohortes y armado con la mortífera espada corta y el escudo romanos. El momento parecía propicio: Roma estaba ocupada en una guerra en Hispania contra Sertorio (un renegado romano con el que Mitrídates intentó concertar una alianza) y en la revuelta de Espartaco en Italia. Pero al mando de las operaciones romanas se encontraba un general enérgico y de talento, Lúculo, que cortó las líneas de suministro del ejército enemigo y lo obligó a retirarse en total desorden.

La situación era tan desesperada para Mitrídates que éste envió a un eunuco de su confianza para obligar a que sus hermanas y esposas se suicidaran antes que caer en manos de los romanos. Él, en cambio, consiguió huir a Armenia, donde fue acogido por su yerno Tigranes. Durante varios años, Lúculo mantuvo el acoso contra el fugitivo, hasta que un motín de sus legionarios convenció al Senado de la conveniencia de reemplazarlo. En la primavera del año 66 a.C. cedió el mando a Pompeyo, el vencedor de Sertorio y de Espartaco.



Mitrídates había vuelto a su reino del Ponto, pero ya no estaba en condiciones de presentar batalla. Una noche, Pompeyo sorprendió a su ejército y lo derrotó por completo. Mitrídates logró escapar con parte de sus tropas e intentó refugiarse de nuevo en Armenia, pero fue rechazado. Entonces huyó a la Cólquide y desde allí marchó al reino del Bósforo Cimerio, en la actual Crimea. Únicamente le seguían unas pocas tropas leales y una de sus esposas, Hipsicratea, la cual, por amor al monarca, aprendió a utilizar las armas y cabalgaba siempre junto a él, con el pelo corto y vestida como un soldado.

El final de un reino

En Crimea, Mitrídates intentó reclutar un nuevo ejército, e incluso soñó con establecer una alianza con los galos para llevar la guerra hasta la misma Roma. Pero estas ilusiones se desvanecieron cuando fue traicionado por Farnaces, su hijo más querido y al que había designado en numerosas ocasiones como su sucesor. Farnaces, deseando poseer el reino del Bósforo con el beneplácito de Roma, decidió encerrar a su padre en sus aposentos. Temiendo caer en manos romanas, el rey sacó un veneno que siempre llevaba consigo oculto en la funda de su espada y lo bebió, pero no le causó ningún efecto porque a lo largo de su vida, por temor a ser envenenado, había consumido toda clase de antídotos para desarrollar inmunidad. Entonces exclamó contrariado: «Cuando me previne contra todos los venenos, no lo hice contra el más penoso y familiar para los reyes: la deslealtad de su ejército, de sus hijos y amigos», y le pidió a un oficial de su guardia que lo atravesara con su espada. Éste así lo hizo. Farnaces envió el cuerpo a Pompeyo, que lo enterró con todos los honores en Sínope. El reino del Ponto, junto con Bitinia, se convirtió, así, en provincia romana.

Para saber más:

- Los enemigos de Roma: de Aníbal a Atila el Huno. Philip Matyszak. Oberon, Madrid, 2005.
- Mitrídates Eupátor, rey del Ponto. Luis Ballesteros Pastor. Universidad de Granada, 1996.
- La palma y el laurel. Ignasi Ribó. Edhasa, Barcelona, 2011.


jueves, 9 de junio de 2016

La relación entre alma y cuerpo según Descartes

Para Descartes, la primera verdad sobre la que ha de construirse el nuevo edificio de la filosofía es la certeza del yo pensante, de la cosa pensante (res cogitans), pues constituye el único punto de partida válido para asegurar que los conocimientos claros y distintos obtenidos por intuición son conocimientos firmes y verdaderos.

Ahora bien, también hay conocimientos –Descartes los llama «ideas adventicias», representaciones cuyo contenido creemos que nos llega desde fuera– que se refieren al mundo externo y corpóreo que no podemos obtener con la misma claridad y distinción que exige la intuición. Los objetos materiales, como opuestos a la sustancia espiritual y pensante que es el yo, son concebidos por Descartes como cosa extensa (res extensa) y su conocimiento tiene lugar a través de los sentidos, los cuales pueden engañarnos.

Sin embargo, esta apertura de las facultades sensibles e imaginativas a un mundo exterior ¿es realmente objetiva? Y en caso afirmativo ¿quién garantiza su objetividad? Para responder a ambas preguntas y garantizar plenamente que la facultad cognoscitiva del hombre no puede ser engañada con respecto a los objetos que componen el mundo externo, Descartes recurrirá a la demostración de la existencia de Dios partiendo no del mundo exterior al hombre, sino a partir del hombre mismo o, mejor dicho, de su conciencia. La importancia de este recurso metódico estriba en el hecho de que la idea de Dios que encuentro en mí, una «idea innata», garantiza en última instancia, por su carácter no derivable y evidente, la correspondencia entre la actividad pensante de la sustancia espiritual y las características y comportamientos de las sustancias extensas pensadas y conocidas por ella. La idea de Dios reafirma así la positividad de la realidad humana así como la capacidad natural para conocer la verdad.


Establecida la importancia de la demostración de la existencia Dios como fundamento último de evidencia y garante de la certeza de los objetos que componen el mundo externo, queda definida a grandes rasgos la concepción dualista cartesiana según la cual el ser humano sería una dualidad compuesta de alma y cuerpo. Se trata de un dualismo antropológico, es decir, una concepción del hombre que lo escinde en dos sustancias realmente distintas que pueden existir separada e independientemente:

- Por un lado, el alma, concebida como sustancia pensante (res cogitans), expresa el atributo del pensamiento y, por tanto, a imagen del Creador, la sustancia espiritual, una, simple, indivisible e infinita dentro de mí.

- Por otro lado, el cuerpo, materia finita en cuanto pura extensión, es espacial y mensurable tanto en sus propociones estáticas como en sus movimientos y actividades. El cuerpo es, de hecho, un autómata dotado de puro movimiento mecánico, de ahí que su comportamiento sea semejante al de las máquinas y esté regido por las leyes de la mecánica.

Es importante notar que es en el cuerpo y no en el alma donde Descartes localiza el principio de vida: luego la vida se reduce al puro movimiento mecánico. O dicho a la inversa: el alma no hay que concebirla en relación con la vida, es pensamiento pero no vida.

La comunicación entre el yo-alma y el cuerpo-máquina en Descartes es bastante problemática. El filósofo francés admite que el papel del alma es activo y fundamentador, pero al localizar su sede principal en el centro del cerebro –concretamente en la llamada «glándula pineal»– se verá obligado a explicar cómo funciona el mecanismo de interacción entre dos sustancias tan heterogéneas, y a explicar en obras posteriores como Las pasiones del alma (1649) una unión de alma y cuerpo más estrecha de la inicialmente planteada.


Prueba de esta comunicación o interacción entre cuerpo y alma es la existencia de las pasiones humanas, para cuya demostración Descartes adopta una explicación indudablemente mecanicista: en un planteamiento original que bebe de las teorías de la circulación de la sangre de Servet y Harvey, Descartes explica cómo los «espíritus animales», producidos en el corazón, circulan rapidísimamente por todo el cuerpo mezclados con la sangre y son bombeados finalmente al cerebro, donde ejercen una presión sobre la glándula pineal, que responde a la sensación en forma de movimiento del cuerpo.


martes, 7 de junio de 2016

El legado digital de Albert Einstein

Internet es una mina de tesoros en la que se acumulan miles de documentos y fotografías digitalizadas que pertenecieron a nuestros antepasados. Y todo ello gracias a una intensa labor de digitalización.

Como ejemplo de ello hoy traemos aquí la obra de Albert Einstein que la Universidad Hebrea de Jerusalén decidió digitalizar y colgar en la red, lo que supone que a día de hoy tenemos la oportunidad de ver desde sus obras originales hasta notas que escribió a su madre y sus amantes, es decir, un auténtico patrimonio digital de gran valor que nos permite conocer cómo era este genio alemán.

La obra se encuentra recogida en la página web oficial del proyecto con el fin de que su conocimiento pueda ser universal y accesible a cualquiera. Entre los documentos, destaca una carta que Einstein dirigió al palestino El-Nashshibi, editor del periódico “El Falastin” en la que propone una solución al conflicto entre árabes y judíos.

http://alberteinstein.info/

No dejamos de sorprendernos cuando nos damos cuenta de lo que tenemos delante. La Historia se vuelve hacer presente gracias a este gran proyecto. Y al igual que Einstein, aunque no tengamos su capacidad intelectual, nosotros mismos también podemos conservar nuestra obra, nuestro legado.

jueves, 2 de junio de 2016

Reseña de "Gaza, cuna de mártires", de Mikel Ayestarán

"Los palestinos nos enfrentamos a un ejército regular, mientras que la mayor parte de nuestras bajas son civiles... Es la guerra. No atacamos a estadounidenses o europeos, ni siquiera a judíos o israelíes fuera de Palestina. Solo estamos defendiendo nuestro derecho a vivir en nuestra patria. Durante siglos hemos convivido en paz con los judíos ¿por qué ahora ellos quieren un estado colonial? Pueden vivir en Europa o en Estados Unidos, yo no tengo problemas con los judíos, pero combato la ocupación."

Quizá esta frase de Fathi Shaqaqi, fundador de Yihad Islámica, sea uno de los mejores resúmenes cortos del conflicto entre Israel y Palestina, y por ello lo he elegido como carta de presentación del libro "Gaza, cuna de mártires", de Mikel Ayestarán. No voy a presentar a su autor como suelo hacer en otras reseñas porque prefiero que visites su blog y sepas por ti mismo qué hace y cómo lo hace.


Sigo a Mikel desde hace muchos años a través de EITB, desde antes de que abriera su cuenta en Twitter y consiguiera llegar así a más gente, y es que me encanta el trabajo de los periodistas que yo llamo de trincheras, los que se remangan los brazos y se hunden en el lodo para hacernos llegar la realidad de lo que pasa en el mundo, alejándose así de posturas doctrinarias y partidistas que nos insuflan desde gobiernos y medios de comunicación cómodamente instalados a miles de kilómetros de distancia.

En tan solo 130 páginas, en formato de reportaje, con letra grande y bien espaciada (se lee en un santiamén), nos encontramos ante un trabajo bien documentado, con referencias a fuentes fuera de toda sospecha, en el que se nos explica lo que ocurre en primera línea de fuego, sin necesidad de recurrir a sesudos análisis de expertos en "no sé qué". Prácticamente no hay sitio que Mikel haya visitado que no haya sido bombardeado por el Estado israelí.

"Un ejército de trabajadores públicos forjados en universidades extranjeras con becas del régimen y con dominio excepcional del ruso, español, francés, inglés, turco o japonés forman la unidad de atención a extranjeros del ministerio, y son los encargados de guiar a la prensa y escribir informes sobre el trabajo de los reporteros tras su salida del país."

El punto de partida lo marca este extracto que nos describe el contexto en el que llevó a cabo una entrevista a Bashar al-Assad en 2007, curiosamente el año anterior a que yo viajara allí a conocer Siria. Aún recuerdo la gran cantidad de carteles del presidente que había por Damasco y otras ciudades. A partir de ahí Mikel nos explica la génesis de las Brigadas Ezzeldin al-Qassam, brazo armado de Hamás, de las Brigadas al-Quds, brazo armado de Yihad Islámica, de los Hermanos Musulmanes y del Estado Islámico. Interesante saber que, originariamente, varios de estos grupos eran laicos, nacionalistas y socialistas, pero con el curso de los acontecimientos han tomado una deriva religiosa que les sirve como nexo de unión en su lucha contra el sionismo. De esta forma, Gaza ha acabado por convertirse en una cuna de mártires similar a la de la iglesia católica del pasado. Tal es así que lo que queda de las posesiones de Ahmed Yasín, fundador de Hamás, se conserva tal cual está, convirtiéndose de esta forma en reliquias sagradas.

"Cuando le respondí que era vasco, me pasó el brazo por el hombro en señal de solidaridad. (...) "Vosotros también estáis ocupados".

Sin proponérselo, Mikel empatiza así con los anónimos milicianos entrevistados que van desfilando por el libro, y es que en Oriente Medio es muy conocida la tradicional solidaridad de los vascos con el pueblo palestino. Quien quiera ver aquí algún componente político oculto puede hacerlo, está en su derecho aunque vaya errado, pero si lo hace, que también les pida a sus líderes políticos que, en vez de viajar a Venezuela a ganar votos para el 26-J, que  viajen a Palestina a intentar mediar en la solución de una guerra que constituye una de las mayores vergüenzas de la geopolítica y la geoestrategia occidental de la Historia. Aunque ya sabemos que eso no ocurrirá nunca, principalmente porque la visión generalizada en Occidente que hay del conflicto entre Israel y Palestina es la que se muestra en este video.




Este es el verdadero motivo que hay detrás del reconocimiento del Estado de Israel en 1947: se ha convertido en la pica en Flandes del Oriente Medio, del catolicismo y el capitalismo occidentales, una consecuencia negativa más del siglo XX, un siglo de guerras de religión cuyo rasgo principal es la intolerancia. Quienes pregonan un pluralismo inherente a su supuesta ausencia de ideología siguen considerando que el mundo no es lo suficientemente grande para la coexistencia de las seculares religiones rivales. Por eso hubo una inadmisible concesión al sionismo que dio inicio a una guerra en 1948 sin visos de acabar nunca, tal y como se puede deducir de estos párrafos:

"La maquinaria de propaganda no para, lo que más funciona en Hamás son los lazos familiares, las dinastías de combatientes que van pasándose el testigo de la resistencia de generación en generación, el odio a la ocupación y la obligación de vengar la muerte de tantos seres queridos."
"Alá elige a sus mártires y el lugar donde tienen que morir, es voluntad de Alá"

Es terrible intuir que esta guerra ha pasado a formar parte ya de la tradición islámica, al igual que el Ramadán o la peregrinación a La Meca.

Mikel también nos muestra -valiéndose del iPhone 6- que hay ricos y pobres en Gaza, que hay vida más allá del Barcelona y del Madrid, que él ha pasado miedo haciendo su trabajo, y que "ser chií es, para los musulmanes suníes, peor que ser judíos". Bienvenidos al mundo real de sopetón. No hay manera de acabar con el fanatismo religioso porque no hay manera de acabar con las malditas creencias religiosas que nos constriñen y condicionan. Los historiadores sabemos muy bien que la religión es un cáncer incurable, da igual cuál sea el credo profesado.

Gaza, cuna de mártires no es un libro para todo el mundo sino únicamente para filósofos, y me explico, es para aquellos que aman el conocimiento, para los que quieren saber por propia iniciativa lo que pasa exactamente en Palestina, alejándose así del concepto marxista de ideología que es el que impera a día de hoy en nuestra sociedad. Si alguien no entiende esto es que no ha leído a Marx, pero aún está a tiempo yendo a una librería. Los que son del "todo gratis" pueden esperar a que yo explique en este blog, que lo haré, qué entendía Marx por ideología. Cualquier medio es bueno para combatir la ignorancia. Pero volvamos al libro que es lo que importa.

Tras su lectura te queda una gran inquietud por dentro: concluyes que este conflicto nunca acabará por la vía del acuerdo. La lucha va a seguir así durante mucho tiempo y, en este estado de cosas, necesitamos a más personas como Mikel Ayestarán y sus compañeros del Colectivo 5W. Gracias a profesionales como ellos nos llega la información de primera mano, sin edulcorantes televisivos, sin eslóganes demagógicos, sin sesgos de ningún tipo. Eso sí, Mikel, te hago una petición pública: por favor, cuando decidas parar, no te conviertas en un Pérez Reverte :-).


martes, 31 de mayo de 2016

El criterio de la certeza en Descartes: la evidencia

Con la obra del filósofo francés René Descartes (1596-1650) se inaugura la modernidad filosófica. En él encontramos desarrolladas –por primera vez en la historia de la filosofía– una rigurosa teoría del conocimiento y una honda preocupación por el método, además de una decidida subordinación de ambas piezas al único fundamento que puede y debe legitimar su empleo, esto es, la «luz natural» de la razón humana. Es por eso que se vincula su filosofía al racionalismo, es decir, la corriente filosófica europea que acentúa el papel de la razón en la adquisición del conocimiento.

René Descartes
Es preciso significar que la razón cartesiana es inseparable de la importancia que el filósofo atribuyó a las matemáticas como único conocimiento cierto y evidente. Descartes fue el primero en destilar filosóficamente la principal consecuencia de los grandes descubrimientos científicos de Kepler, Copérnico y Galileo: que la aplicación de la matemática a la investigación de la naturaleza –su «matematización»– revelaba, en última instancia, que todo conocimiento verdaderamente científico lo era siempre en virtud del carácter universal del conocimiento matemático. Por tanto, puesto que las matemáticas expresaban una verdad segura y universalmente válida, el proyecto de la razón cartesiana se inscribe en una novedosa concepción de la filosofía entendida como una «matemática universal».

Aclarada la íntima conexión entre racionalismo y matemáticas, podemos abordar mejor su reflexión sobre el criterio de la certeza que es, en primer lugar, un problema relativo al método, es decir, al procedimiento u operación mentales con las que pueden determinarse, siempre desde la razón, las condiciones de un saber cierto y seguro, de validez general.

En la segunda parte de su Discurso del método (1637), el filósofo francés establece cuatro reglas o preceptos que sirven para caracterizar externamente el método. Esta caracterización nos sirve sobre todo para determinar el orden de los razonamientos para poder alcanzar la verdad:

-  La evidencia: consiste en no aceptar por precipitación o prevención ningún conocimiento que no nos resulte absolutamente claro y distinto. 


-  El análisis: implica reducir toda cuestión o conjunto de cuestiones a sus elementos componentes más simples. 


-  La síntesis: significa recomponer de nuevo, de forma ordenada, lo antes analizado y divido para su mejor comprensión. 


-  La enumeración: consiste en una revisión final de todos los pasos precedentes para asegurarse de que nada se ha omitido. 


A esta caracterización externa le corresponde, desde un punto de vista interno, las dos operaciones principales del entendimiento por las que llegamos sin error al conocimiento cierto de la cosas, que son la intuición y la deducción. En el primer caso se trata de la operación por la cual, reduciendo las proposiciones compuestas a proposiciones simples, percibimos clara y distintamente el objeto de nuestra comprensión; en el segundo caso, se trata del procedimiento sintético-deductivo de recomposición y ordenamiento que parte siempre de la verdad de las proposiciones clara y distintamente percibidas. 
Una vez expuesto en sus dos vertientes el método, es necesaria su aplicación.

Para ello, Descartes elabora en sus Meditaciones metafísicas (1641) la conocida estrategia por medio de la cual, siguiendo el método arriba expuesto, pretende llegar a un principio único de la más elevada y absoluta certeza. La estrategia consiste en poner en duda todo el conocimiento previamente admitido por uno mismo, hasta llegar a esa verdad que, por resistirse a todo motivo de duda, sea fundamento de toda certeza. 
Tal verdad es que, para poder ser engañado (por ejemplo. por los sentidos, o por un «genio maligno»), para poder dudar de todos los conocimientos y suponer que todo es falso, es necesario que el yo que duda, o sea el sujeto que piensa todo el proceso de la duda, exista. «Pienso, luego existo» (Cogito ergo sum).


Si para Descartes, el cogito –la conciencia de sí mismo como cosa pensante o res cogitans– se nos impone como una verdad cierta por poder concebirla con toda claridad y distinción, es decir, por haber sido obtenida por intuición, se puede establecer como regla general que son verdades todas las cosas que concebimos igualmente de forma clara y distinta. En consecuencia, el criterio de la certeza se define siempre en base a la evidencia proporcionada por la claridad y la distinción de la primera verdad, que es la certeza del yo pensante. En otras palabras, que el criterio de certeza o seguridad subjetiva de los conocimientos se define a partir de las características según las que se presenta dicha verdad, que son las características de la claridad y la distinción. Con ellas aseguramos la firmeza y la verdad de todos los demás objetos de conocimientos obtenidos por intuición, incluidos los conocimientos matemáticos.