El don del Nilo me duele

Ironías tiene la vida como que uno esté estudiando egiptología y, de repente, se líe una gorda. Y uno no se da cuenta exacta de lo que pasa hasta que lo prueba por sí mismo, uno no se da cuenta del alcance de la situación hasta que llama a El Cairo y no consigue establecer contacto, ni con el móvil, ni por internet, ni nada. En el preciso momento en que escribo esta entrada el país está sumido en el caos y la violencia aflora ya, la situación es realmente peligrosa. Y entonces te estremeces, quieres ayudar y solidarizarte con un pueblo al que quieres y admiras, y no puedes. Quieres apoyarles y no puedes. Quieres decirles, "cuando veas que ya no puedes continuar, sigue adelante", y no puedes, y entonces te estremeces, porque Egipto te duele en el alma, te duele tanto que te gustaría estar con ellos allí, ayudando en la lucha, aportando, quizá, algo de la experiencia acumulada como antifranquista en los años 70, pero es imposible, no puedes.

Y solo te queda esperar, y confiar en que no pararán, en que continuarán en su lucha pacífica con determinación, que nos demostrarán que son un pueblo, una vez más, capaz de salir airoso y con la cabeza erguida, victoriosos, y orgullosos de un pasado glorioso al que media humanidad mira con fascinación. Porque la fuerza de un pueblo es la más poderosa que existe.

Bandera de Egipto
Y en esta tensa espera lees con avidez, devoras toda la información que te llega para saber qué está pasando y, de vez en cuando (cada vez con más frecuencia), te topas con expertos analistas de la situación política egipcia. Y claro, como hay mucho prosumidor ignorante que es capaz de opinar de todo solo por un minuto de gloria en Twitter, en Facebook, o en los comentarios de un periódico digital, ves a más de un soplapollas sentando cátedra. Ahora todo Dios sabe quién es Hosni Mubarak y cómo está sufriendo el pueblo egipcio una dictadura férrea. Ahora todo quisque tiembla ante la posibilidad de que los islamistas lleguen al poder. Ahora todo hijo de vecino está preocupado por las pirámides, el Museo Egipcio, y de paso, en un alarde benevolente de cultura, nos ilustra con erudición de cómo fue descubierta la tumba de Tutankhamon por Carter, el de los relojes de lujo (mis 5 céntimos para #turismobisbal).

Pues no señor, lamento profundamente informarles de que no es comparable el sistema político de Egipto con el de Haití, ni con el de Jordania, ni con el de Siria, ni con el de... Es cierto que el gobierno de Mubarak es una mandanga y que se pasa por el arco de triunfo el concepto de lo que es una democracia, pero hay que recordar que este señor gana elecciones y que gobierna con el beneplácito y el apoyo de Estados Unidos y de Israel. También es momento de recordarle a España que Jordania, país al que ahora muchos consideran otro "régimen" igual, está gobernado por un rey al que todos le bailan el agua cuando D. Juan Carlos I, y Dª Sofía después, le abrazan y besan cuando les hace una visita cargados de agua bendita del Jordán, o cuando su mujer Rania aparece en el Hola, guapa y elegante, y todos exclaman "ohhh, qué maravillosa reina es". No nos vendría mal un poco de inteligencia colectiva y de cultura antes de ponernos a teclear mentiras e incoherencias en un ordenador solo por aparecer, o por armar ruido, o porque todo vale en la red en nombre de la libertad de expresión.

Egipto está gobernado por un nepotista que no se sostendría sino fuera por los poderosos aliados que tiene, no es un dictador al uso que se apoya en el terror y en la ignorancia de su pueblo. Y ahora, en éstas, el ejército tiene la sartén por el mango, de ellos depende lo que ocurra. Y no se preocupen por quién venga detrás, no serán los Hermanos Musulmanes, que por cierto no se comen a nadie (yo he hablado con alguno de ellos y son más progres que muchos de los que se consideran de izquierdas y apoyan la reforma de Zapatero). A Mubarak le sustituirá aquél a quien los países occidentales decidan apoyar, eso es lo que hay; se empezarán a mover hilos invisibles por detrás y se tomarán decisiones, y el ejército egipcio está representado en el actual gobierno recién "retocado" por enemigos feroces de los Hermanos Musulmanes, quienes han estado inicialmente en la sombra de la revuelta popular porque la mejor estrategia que tienen para llegar a gobernar algún día es ganar unas elecciones, y ese día no creo que llegue porque los 3 millones de personas que viven del turismo (cerca del 11% del PIB egipcio) son conscientes del peligro que supondría para tan importante fuente de ingresos.

Me pregunto cuándo vamos a alzar la voz de una vez contra la clase política norteamericana, judía y europea que son los que manejan los hilos, en vez de despotricar y menospreciar con insistencia a aquellos que no piensan como nosotros, que no hablan como nosotros, que, en definitiva, no rezan como nosotros, perdón, en este último caso, como ustedes.

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