Seguimos en la Edad Media

"Disponiendo de tecnología más eficaz la gente sencillamente trabaja menos"

Esta sencilla frase, cargada de una gran verdad, no es cosa mía sino de Carlos González Wagner, Doctor en Historia Antigua por la Universidad Complutense de Madrid, un reputado historiador del que tengo la suerte de aprender Egiptología. Este gran profesor introduce esta frase en un capítulo en el que se detiene por un instante en reflejar los avances tecnológicos del Egipto antiguo. Y al leerla, a mí como investigador y tecnólogo, me ha parecido recibir una bofetada de realismo de tal calibre que no me ha quedado más remedio que escribir. Porque escribiendo, un tipo como yo hace terapia, aprende y hace reflexionar a descuidados paseantes de este blog que, no sé muy bien cómo ni por qué, tienen a bien visitar.

Efectivamente con la tecnología deberíamos trabajar menos. Amén. Pero no en el sentido de hacernos más vagos, que algunos ya sé por dónde váis, listillos, sino en el sentido de optimizar el esfuerzo. Si los antiguos egipcios hubiesen conocido la polea, otro gallo les hubiese cantado a los pobres ¿o no?.

Y nosotros, aquí en el 2011, en plena época de avances insospechados en la antigüedad, seguimos trabajando igual que en la era industrial, como si nada hubiera cambiado, como si nada hubiese pasado, como si todo fuese igual, y no lo es ni por asomo...

Nada es igual desde que existe Internet, el teléfono móvil, los tablets, la videconferencia, o el Cloud Computing por citar algunas cosas; desde que la Tecnología se ha socializado tenemos acceso a una enorme posibilidad de mejora en nuestras condiciones laborales: se trata del Teletrabajo.

La primera vez que se hace referencia al término data de 1973 (¡anda que no ha llovido!) e inicialmente estaba reservado para los altos directivos de las empresas que tenían el privilegio de teletrabajar desde sus hogares u hoteles. IBM decidió luego niciar proyectos piloto con sus trabajadores y, a partir de ahí, los trabajadores autónomos vieron las enormes posibilidades que se les abrían al reducir costes y comenzaron a trabajar a distancia. Y nosotros con estos pelos en 2011.

Las ventajas que el teletrabajo aporta son muchas y muy importantes, y sin embargo las empresas se empeñan en presentarnos esta posibilidad como una concesión graciosa "motu proprio", o como una mejora de condiciones laborales, o incluso como como moneda de cambio en una negociación contractual, y esto, sencillamente, no es de recibo.


Para la empresa el teletrabajo reporta importantes ventajas tales como:

- Reducción drástica de infraestructura.

- Disminución de los costes de producción.

- Desaparición del absentismo laboral.

- Aumento de la productividad debido a la implantación del trabajo por objetivos.

- Facilidad de expansión geográfica y, por tanto, acceso a profesionales de otro nivel.

- Eliminación del controvertido control horario.

- Disminución de problemas de convivencia entre empleados.

Y sin embargo a estas alturas tenemos que seguir levantándonos a las 7 de la mañana para meternos de cabeza en un atasco infumable en un fútil intento de llegar a las 8 a la oficina, nos vemos obligados a comer un menú del día grasiento como en la mili, "a la puta carrera", para volver a la oficina, nos cepillamos furtivamente los dientes en el servicio para estar aseados en la dichosa oficina, tomamos un café, meamos y otras hierbas a toda leche para volver cuanto antes a la puñetera oficina, y así día tras día, semana tras semana, mes tras mes, año tras año, hasta que nos jubilemos a los 70, si es que llegamos Juanillo, si es que llegamos, que tal y como está el patio cualquiera sabe...

Inaudito: seguimos en el pleistoceno tecnológico, trabajamos como en la Edad Media, como si no existiesen otros modus operandi para lograr otros modus vivendi. Total, que seguimos produciendo en el modus jodiendi.

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