6 motivos para viajar a China: Shanghai (VI)

Shanghai puede que sea, a priori, una de las etapas menos motivantes del viaje a China, sobre todo si eres como yo que no me gustan las grandes ciudades superpobladas y masificadas. No obstante uno siempre está dispuesto a conocer lo nuevo y a encontrar el lado atractivo de las cosas, si no, no me movería de casa. Llegar a una ciudad con 23 millones de habitantes y cuyo skyline recuerda al de Nueva York o similares no es precisamente lo que me hace meterme en un avión durante 12 horas. Por otro lado, llevaba tres días vigilando el comportamiento del clima en la ciudad y, no os lo perdáis, llovía a raudales y estaba habiendo inundaciones. Los periódicos chinos recogían imágenes de la gente caminando por calles con el agua por encima de los tobillos.

Cuando aterrizamos en el aeropuerto el cielo era gris y amenazaba lluvia pero el mosqueo se me fue pasando cuando nuestro autobús empezó a rodar por los viaductos de la ciudad. Es toda una experiencia moverte entre las calles de una ciudad pero ¡por la parte alta de los edificios!.


En medio de un tráfico infernal llegamos a nuestra primera visita, el Jardín Yuyuan. Bajar del autobús y estar rodeado de cientos de personas por todas partes fue automático. El acceso al jardín se hace por un camino zigzagueante que simboliza el camino de la vida.

Zona de acceso al Jardín Yuyuan
Me gustó, creo que ya me había acostumbrado a los empujones y al gentío, así que entré con buena predisposición. Entre explicaciones de nuestra guía fuimos recorriendo estancias, y cruzando puentes y puertas de un jardín realmente asombroso.








Y el ánimo con respecto a Shanghai me cambió por completo justo ahí, cuando apareció ante mí la Casa de Té, una imagen que se te queda grabada en la retina para siempre porque representa el espíritu de la China milenaria.

La Casa de Té
Volvimos al autobús atravesando la planta baja de un centro comercial y empezó a llover lo que no está escrito. Tuvimos que refugiarnos un rato porque no teníamos chubasqueros ni paraguas. Eso nos permitió ver el brutal contraste que hay por toda la ciudad, modernidad y tradición dándose la mano de una forma indescriptible, creo que una foto bastará para que me entiendas.


A la izquierda de esta fachada estaba Zara rodeada de marcas de lujo, Shanghai empezaba a caerme muy bien :-). Una vez que pudimos coger el autobús fuimos al malecón, el paseo desde el cual se puede ver el skyline del centro financiero. No hubo manera de parar un momento ni de aparcar, además llovía un montón, así que lo tuvimos que intentar más tarde. Cuando dejó de llover regresamos a ver si había suerte y llegamos cuando ya había oscurecido. Bajamos del autobús y de nuevo nos vimos rodeados por cientos de personas, aunque aquí había ya muchos más turistas extranjeros que en otras partes. Para acercarse al muro y ver el rio Huangpu y el distrito de Pudong había que hacerse valer, y es que ni Dios se quería apartar y dejarte un hueco; la gente se asomaba al rio y hacía fotos sin parar o bien se quedaban mirando como alelados. Yo no entendía gran cosa hasta que conseguí meterme en un hueco a base de empujones y lo ví. Me quedé extasiado. La imagen parece sacada de una película y, definitivamente, Shanghai me cautivó para siempre.


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La mañana del día siguiente la pasamos en Suzhou como os comentaba en la entrada anterior y, a la vuelta, aprovechando que hacía una tarde bastante buena para lo que había estado lloviendo decidimos ir a toda leche al centro financiero del Pudong y subir al piso 100 del Shanghai World Financial Center, la verdad es que yo estaba obsesionado con subir al rascacielos más alto de China y el tercero del mundo. Además, me habían dicho que llegar a él era "diferente" y que, una vez arriba, podías ver lo de debajo gracias al suelo transparente, por eso se le conoce como "Sky Walk 100".

Con ayuda de la guía sacamos tres entradas que incluían la subida al piso más alto (otra opción más barata es subir "solo" hasta el piso 94) y el "transporte marítimo" para llegar al otro lado del rio, este:


No podéis imaginar las caras que teníamos al andar por el túnel y verlo, yo iba pensando "a ver qué han montado esta vez estos tíos para cruzar el río por debajo", y resulta que lo que ves durante unos minutos (no sé si llegarían a cinco porque se me hizo cortísimo) es esto:

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Al salir del vagón no sabía si salir a la calle o volver a montar :-). Salimos y nos encontramos de golpe con una preciosidad llamada Torre de la Perla Oriental que es uno de los iconos de Shanghai.


Caminando hacia delante casi me da una tortícolis de estar venga mirar para atrás, y es que la Pearl tiene un encanto especial y más si estás debajo, sin embargo esto no había hecho más que empezar puesto que de pronto aparece ante tí la plaza que es el nexo de unión de los edificios que conforman el skyline y que luce guapísima


Puedes cruzarla por abajo, por la calle (el tráfico en esta zona es menos denso pero más rápido), o subir unas escaleras o unos ascensores y recorrerla por arriba, por ese paso aéreo que véis en la foto sustentado por unos grandes pilares.


Merece la pena que os déis una vuelta por la web oficial del Shanghai Pudong para que os hagáis una idea de todo lo que hay concentrado allí. Nosotros hicimos un mix y nos dirigimos hacia el fondo ya que a la derecha debía aparecer la Torre Jin Mao que está justo al lado de la Pearl, se la identifica muy bien puesto que tiene la forma de una pagoda.


Y a su lado, imponente, el SWFC, nuestro objeto de deseo.


El edificio tiene varias entradas y salidas ya que dispone de galerías comerciales con establecimientos para comer, etc, una vez que encontramos la entrada al observatorio fuimos pasando de una estancia a otra, de una cola a otra, y aparecimos en la entrada del ascensor de subida. Para hacer más entretenida la espera hay fotografías, textos con su historia, e incluso una maqueta animada que reproduce todo el centro financiero de noche y de día. Va cambiando de color y con el movimiento queda francamente muy logrado. La sala (al igual que el ascensor) está completamente cerrada y no se ve nada, y en el techo tienes un contador digital que te indica el tiempo que tarda en subir. Concretamente subir al piso 100 se hace en 30 segundos. Si habéis leido bien. Y ni te enteras. Entras, ves como van apareciendo rápidamente los números de los pisos en un contador (1, 2, 3... 35, 36, 37... 98, 99 y 100) sin notar ni un ligero movimiento y, de repente, te invitan a subir amablemente por unas escaleras mecánicas que te llevan al Skywalk, que es éste:


Lo que se ve debajo es el piso 94
Las vistas son espectaculares, y una vez allí arriba observas que Shanghai no es grande, muy al contrario, sus más de 20 millones de habitantes están en un espacio pequeño. Se pueden observar perfectamente las shikumen (casas tradicionales) entre el resto de construcciones y también los límites geográficos de la ciudad por uno de los lados. No está muy bien grabado pero aquí tenéis un video que os da una idea de la magnífica panorámica que se tiene de la ciudad:


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Al bajar, nos tomamos un refresco en una cafetería del piso 94 que también es una tienda oficial de recuerdos del edificio, luego cenamos en la planta de la entrada en una franquicia yanqui cuyo nombre no recuerdo pero que tenía unas carnes muy ricas, y nos pillamos un taxi para regresar al hotel porque son muy baratos.

Al día siguiente tocaba libertad para elegir y nos acercamos, en primer lugar, a un Cybermart en el que pudimos comprar una CANON EOS 600D por 530 euros (ahora voy a hacer un curso de fotografía con Calabaceen para aprender a usarla ;-), después paseamos hasta llegar al Shanghai Times Square para "palpar" las marcas de lujo entre las que se encontraba Zara, nos cruzamos por la calle con una exposición de Ferrari en una acera, paseamos por el Barrio Francés, nos fuimos a comer y de compras al enorme Mercado de Falsificaciones que hay al lado del Museo de la Ciencia y Tecnología (estaba cerrado ese día) y, ya de noche, y tras pasar por el medio del rodaje de una película en una calle céntrica, disfrutamos de la última cena con nuestra guía en un restaurante muy bonito en el que se comía muy bien. Fue una noche especial para todos porque era la última, se palpaba en el ambiente que nos teníamos que ir. En fin. Aún nos quedaba el Templo de Buda de Jade para la mañana siguiente antes de coger el avión a Beijing.

Estábamos cansados y un poco tristes porque se acababa nuestro viaje, y además, ya habíamos visto unos cuantos templos budistas, así es que fuimos a ver éste un poco más llevados por la inercia que por las ganas, como si fuese un último intento espritual de aferrarnos al país. Por otro lado, yo ya estaba armado con mi nueva Canon dispuesto a ver qué era capaz de hacer aunque fuese en modo automático así que, en éstas, nos encontramos de repente delante de su entrada principal y la calidad fotográfica mejoró al mismo tiempo que nuestro ánimo. Una imagen...


Es un templo pequeño y quizá en eso radica la especial belleza de su interior. Es más parecido a una vivienda que a un santuario para la devoción y la oración. Por otro lado, el color está en todas partes, no hay sitio que no te apetezca fotografiar, sin pretenderlo, estábamos ante el colofón más bonito que podía tener nuestro viaje. Juzgad vosotros mismos.



Guardianes del templo












En la parte central hay un Buda de jade blanco de 1,9 metros de altura que fue instalado después de que lo trajera el monje birmano Zhejiang en 1882. En un piso más alto está el Buda sentado con incrustaciones de piedras preciosas y que pesa una tonelada. Un Buda inclinado, que no es de jade sino una copia exacta, descansa sobre la base de una cama de madera roja. Está absolutamente prohibido hacer fotos de los Budas de Jade auténticos, yo lo intenté con el iPhone y me obsequiaron con unos gritos de "¡NO PHOTOS; NO PHOTOS!" que me acojonaron. Pero si navegas por internet con un poco de dedicación siempre aparece una foto de alguien que te permite observar la belleza especial que tiene esta figura.

Éste es el recostado auténtico protegido por una vitrina de cristal
Reconozco que me sorprendió por completo la vista de este Buda, el jade le da una belleza especial y, de la forma y en el sitio que está expuesto, transmite una paz difícil de explicar. Esta será una visita inevitable para tí cuando vayas a Shanghai, una fantástica ciudad que jamás pensé que me iba a encandilar y sin embargo ocurrió. Confieso que quiero volver, aún me quedan muchas cosas por ver allí, aún tengo muchas asignaturas pendientes con China, pero eso lo dejo para el epílogo-propina que os estoy preparando en la próxima entrada.

Os tengo que dejar, nos llaman para embarcar, tenemos que coger el avión de regreso a casa pero os prometo que tendréis noticias mías a mi vuelta. Prometo ayudaros a tomar una decisión, la de viajar a China, porque hay muchos motivos para hacerlo, muchos más de seis.

待会儿见

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