La tecnología es una mierda

Esta frase la dije hace casi dos años en un Congreso en Valladolid y al principio me miraron con cara de susto. No obstante al acabar me aplaudieron lo cual quiere decir que no estoy tan loco: parece que esa es la percepción que tiene todo el mundo. Aquí tenéis la prueba del delito.




En los años que llevo trabajando en el mundo de eso que se viene llamando "Nuevas Tecnologías" desde el pleistoceno, si algo he llegado a concluir es que la tecnología en sí misma no vale nada, y no solo eso, sino que se convierte en una contínua fuente de problemas que acaba provocando jaquecas y hasta ataques de ira. Y es que, querámoslo admitir o no, lo que dota de valor a la tecnología son las personas. ¡Qué paradoja!.


Se invierten horas y dinerales en pensar, investigar, desarrollar, programar, probar, vender, fabricar hardware o software y, en la gran mayoría de los casos, se hace sin ponerse uno en la piel de los que serán los destinatarios finales, los usuarios. Para los que trabajamos en conjugar Ergonomía y Tecnología, el factor más importante son las personas, y por eso no deja de sorprendernos que se sigan tomando decisiones que las despojan del valor que tienen.


En la parte que a mí me toca he metido muchísimas horas en el mundo de la accesibilidad. Empecé en el año 82 por la accesibilidad física y, a día de hoy, aún estoy enfrascado en la Ergonomía Tecnológica. En todo este tiempo he vivido y aprendido de primera mano que lo que yo hacía inicialmente para un cierto sector de la población es igualmente válido para todo el mundo sin excepción. Cuando peleaba para que se pusiera un ascensor en lugar de unas escaleras no lo estaba haciendo para beneficio de una persona con diversidad funcional sino que lo estaba haciendo también para que mi vecino pudiera subir a su casa con las tres bolsas sabatinas de la compra. De la misma manera, cuando me desgañito para que alguien haga una web que permita ampliar el tamaño de la letra, no lo estoy haciendo para una persona con ceguera, sino también para un hombre o una mujer mayor de 40 que tiene presbicia.


Y sin embargo no sé por qué maldita razón sigo teniendo que convencer a todo quisque de esto una y otra vez.


En TECNALIA hemos visto claramente que en el entorno digital no se pueden desligar aspectos como la accesbiilidad, la usabilidad, la compatibilidad o la internacionalización ya que son factores absolutamente necesarios para que una persona alcance la satisfacción en el uso de la tecnología. Y si no logramos alcanzar esa satisfacción estamos abocados al fracaso.


¿Por qué triunfaron los teléfonos móviles a pesar de ser inicialmente unos ladrillos? Porque provocaban a las personas sensaciones de seguridad, de esnobismo, e incluso mejora de la autoestima. ¿Por qué triunfaron los mp3? Porque proporcionan a las personas comodidad, ocio en movilidad, no estorban, y su uso satisface. ¿Por qué está triunfando hoy en día un iPad?. Pues porque la satisfacción que produce su uso aún no ha encontrado quien la iguale, es un gadget muy predecible en el que nada o poco hay que enseñar para hacerse con su manejo. Entonces ¿por qué no ponemos más atención en lo que produce satisfacción a las personas?


El pasado y las experiencias de éxito de otros siempre están ahí para enseñarnos el camino a seguir pero sigue habiendo gente empeñada en hacer las cosas a su bola. Y de esta forma la brecha digital no solo no disminuye sino que crece.


Ahora, por fín, llega el HTML5 y muchos descubren gracias a él que no es necesario desarrollar una aplicación específica para un smartphone con la que el usuario pueda interactuar con una web sino que con un buen código fuente todo es posible. Nosotros ya decíamos y enseñábamos esto en 2001, pero si no es por Steve Jobs que puso en portada su enfrentamiento con Adobe y su Flash, aún estaríamos con el mismo discurso. No obstante proliferan como champiñones las aplicaciones para iOS, Android y, ahora, Windows Phone. Y uno se encuentra el teléfono móvil lleno de chorradas que, en el mejor de los casos, se pueden organizar por carpetas para no perderse en su búsqueda. Pero la cosa no queda ahí, ni mucho menos.


Tenemos que utilizar infinidad de cargadores diferentes en función de la marca de teléfono móvil que tengamos, además, que si puerto USB, que si puerto HDMI, que si puerto VGA, que si adaptador para la corriente con el cable miniUSB, que si auriculares de 3,5 mm, que si auriculares de 2,5 mm, que si convertir a mp4, que si convertir a .avi, que si batería para esto y otra batería para aquello... Una locura, una puñetera locura derivada de que lo importante, lo verdaderamente importante que son las personas, nunca son tenidas en cuenta. Priman otras cosas. Los intereses empresariales, los intereses investigadores, los intereses comerciales... Total, que a día de hoy, y por mucho que hayamos avanzado e incluso mejorado, la tecnología sigue siendo una mierda. No obstante no pierdo la esperanza de que alguien, algún día, en algún lugar, ponga en marcha una experiencia que me tiene obsesionado por la trascendencia que tendría: la creación de un Living Lab en Ergonomía Tecnológica. ¿Su credo?: Nada para las personas sin contar con las personas. Ni más ni menos.





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