Una historia espeluznante

Charly se levantó como un resorte de la cama. Sudando a mares, entre temblores y escalofríos, en su mente resonaba un solo pensamiento: "En cualquier momento vienen a por mí".

Sacó la mano de la cama despacio tanteando en la oscuridad en la zona donde se encontraba la mesilla y logró asir su iPhone. Apretó su único botón redondo y el teléfono le ofreció la hora gentilmente: las 3 y 10 de la madrugada. Con la respiración aún agitada dirigió su mirada hacia las sombras que proyectaba la luz del móvil; reconoció la forma de su armario y, a la izquierda, vio el umbral de la puerta. Nada. Nadie. Respiró un poco más aliviado y pudo pensar: "¿Cómo es posible que haya llegado a sucederme esto? En cualquier momento vienen a por mí".

Hizo memoria apresuradamente de lo que había vivido el día anterior, 8 de noviembre de 2011, un día hijo de puta donde los haya. Los medios de comunicación no paraban de hablar y escribir de lo mismo, era una tortura. Y eso que la noche anterior no había presagiado nada malo, muy al contrario. Recordó que se había acostado con Laura. Le había costado lo suyo pero por fin había podido entrar en el cuerpo de aquella rubia de ojos verdes que tanto le ponía. Aún tenía grabada en la retina su bella cara con los ojos cerrados y gimiendo de placer mientras él la poseía. Y es que a Charly le gustaba hacerlo con la luz encendida. A pesar del miedo que sentía, o quizá por eso, se le puso dura como el cemento al recordarlo. De repente un bip bip del teléfono hizo que se le bajara de golpe y el corazón le diera un vuelco, la palabra "automático" se había creado para definir situaciones como esta. Solo era un recordatorio de algo que tenía que hacer a las 3 de la tarde. "Me cago en la puta. En cualquier momento vienen a por mí".

La tensión en su interior fue creciendo de forma incontrolable. No lograba coordinar sus pensamientos ni sabía exactamente qué hacer ni dónde ir. Rompió a sudar de nuevo y volvió a mirar la puerta. Un movimiento fugaz le hizo comprender que allí había alguien. "Ya están aquí". Algo saltó hacia él y soltó un grito sordo al mismo tiempo que se cubría la cara con la manta. Entre las sabanas notó que "algo" se movía encima de su cuerpo. Su tensión se disparó por las nubes, un ataque de ansiedad le hizo tomar bocanadas de aire como un loco; estaba a punto de estallar cuando recordó que tenia un gato, y fue entonces cuando reconoció la presión de las patas de Lucifer sobre sí mismo. Respiró aliviado. A pesar de su nombre el gato se dirigió hacia él para tocarle la cara con una patita, lo cual le proporcionó el suficiente coraje para encender la luz y acariciarle. Le miró con ternura y unas lágrimas se derramaron por las mejillas de Charly: "Lucifer cariño, en cualquier momento vienen a por mí. Tengo que evitarlo, espero que me sepas perdonar".

Apartó al gato y se dirigió al cuarto de baño. Tenia que darse prisa. Sacó de un cajón una Gillette y un bote de espuma en spray y se afeitó lo más deprisa que pudo. Por lo menos que le pillaran aseado. Abrió el grifo del agua caliente de la bañera y dejó que esta se llenara mientras se rasuraba. Cuando terminó ya tenía la bañera esperándole. Se metió dentro del agua y, mirando a su gato con todo el cariño que una persona es capaz de transmitir, cogió la Gillette e hizo lo que tenía que hacer, le había llegado la lucidez inesperadamente y no podía perder ni un segundo. Mientras la bañera se teñía de rojo Charly pensó: "Ya podéis venir a por mí cabrones".


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Laura desayunaba unos cereales excitada pensando en lo ocurrido la noche del día anterior. Se sintió humedecer al recordar aún como cabalgaba como una loca con Charly en su interior. Llevaba tiempo intentando tirárselo pero no encontró el motivo ni el momento hasta que le comunicaron a él que había logrado el puesto de trabajo que tanto ansiaba. Se lo tenía que contar a Elena lo antes posible, con la de veces que habían hablado del tema...

Para no pensar en ello encendió su iPad y comenzó a leer las noticias. De repente sus ojos se abrieron como platos, lanzó un grito y rompió a llorar de forma incontrolable al ver la portada de 20 minutos: "Hallan desangrado en la bañera de su casa a Carlos Delgado, recientemente elegido Community Manager del Instituto Nóos".


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