La reputación no se mide, se construye


La Real Academia Española define la reputación como la “opinión o consideración que se tiene de alguien o algo” y como el “prestigio o estima en que son tenidos alguien o algo”. Si trasladamos el concepto al mundo virtual nos encontramos con que la reputación on line es el reflejo o estima de una persona o marca en Internet. En definitiva, el traslado del concepto del mundo físico al mundo virtual es perfectamente llevado a cabo sin que exista ningún condicionante de entorno que lo impida. Sin embargo en el medio digital hablamos de “medición de la reputación” con una facilidad y seguridad pasmosas que en realidad no se asientan sobre ninguna base fiable de medición en el mundo físico. Y todo ello por obra y gracia del espíritu santo en forma de algoritmo.

Como muy bien se indica en Wikipedia la reputación es una construcción social que se compone de factores diversos como la credibilidad, fiabilidad, coherencia, etc, que apreciamos sobre las personas, empresas, marcas, instituciones... Es importante detenerse a reflexionar sobre esto porque de esta manera podemos ver que se trata de un activo intangible, y al ser un intangible surge la cuestión: ¿Es posible medir la reputación? ¿Y la reputación on line? El caso es que aparecen continuamente herramientas que sirven, o eso nos aseguran, para medir la reputación on line. Tenemos ejemplos como por un tubo, cada vez más, pero entre todas ellas destaca sobremanera Klout que se nos presenta como el estándar de influencia por antonomasia. Y aquí es donde llega el momento de reflexionar un poco y aclarar conceptos porque lo cierto es que herramientas como Klout están empezando a ser excesivamente usadas y sobrevaloradas.

En primer lugar hay que decir que la reputación,  da igual que sea en el medio físico o en el virtual, no es algo que se pueda medir aplicándole una unidad de cuantificación. ¿Qué pensaríais si os dijeran que vuestro carnicero tiene una reputación de 63? Pondríais cara de asombro y pensaríais que el que lo ha dicho está como un cencerro. Y no es para menos. La reputación está compuesta de aspectos subjetivos y cualitativos debido a las distintas fases de su ciclo de vida y a sus diferentes dimensiones. Yo no sé si pensamos seriamente en esto cuando nos creemos a pies juntillas las bondades de estas herramientas. Sinceramente, cuando veo a personas que se consideran profesionales del Social Media hacer un uso intensivo de Klout, el consabido “I gave @......... +K about ……… on @klout”, llego a la conclusión de que, o no tienen ni idea de lo que están haciendo (malos profesionales) o lo están haciendo a propósito para vendernos una moto (malos profesionales otra vez). No tiene sentido medir la reputación de esa manera ni de ninguna otra, entre otras cosas porque la buena reputación se gana con el trabajo y el bien hacer, no con RT, FAV, Likes o similares.

Ahora bien, el algoritmo de Klout que dice medir la influencia y no la reputación, tampoco va más allá de ser algo más que un juego (así me lo tomo yo) cuyos resultados no se sostienen, en buena lógica, de forma seria. ¿Qué sentido tiene que una persona que se pasa todo el día tuiteando noticias de Google Reader y dando continuamente las gracias a los demás de forma empalagosa y cansina posea un Kout de 67? Y hablo de un caso real cuyo nombre omito a propósito pero hay muchos más. ¿En qué es especialista esta persona, en ametrallar el TL? ¿En acumular “amigos” en Facebook o tener una red grande en Linkedin? ¿En qué es influyente? En nada. Queda claro que Klout no ofrece un parámetro fiable de nada que pueda ser considerado serio, excepto reflejar el ruido que pueden llegar a montar las personas en las RRSS. Klout solo sirve para que los que tienen una puntuación alta vendan sus cursos de formación y sus conferencias apoyándose en la importancia que tiene su uso.

En realidad todos sabemos cómo aumentar la puntuación en Klout sin que nadie nos lo tenga que enseñar. Basta con no opinar sobre temas potencialmente polémicos, publicar noticias en Twitter a diestro y siniestro día a día, actualizar Linkedin, Facebook, Instagram, etc, continuamente, y dar las gracias por doquier a todo el mundo, eso sí, con una clara y evidente actitud positiva, no sirve que emitas una opinión controvertida porque eso te ocasiona unfollows y ausencia de RT y Likes. El último paso que ha dado Klout al agregar más redes sociales a su “sistema de medición” deja claro que no importa la calidad del mensaje sino la cantidad: cuantas más redes mejor, olvídate de vivir de verdad.

En conclusión, tu influencia será mayor a medida en que tu grado de insustancialidad como ser humano aumente. Y es que aspectos que realmente construyen una reputación, como la autenticidad, la defensa de unos principios o la sinceridad chocan constantemente con la mediocridad general y, por ende, con los algoritmos.


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