Ars Predicandi 2.0

En los siglos XIV y XV una de las principales armas de las que se valió la iglesia (el sistema) para evangelizar e influir al pueblo fue la predicación popular. Los frailes mendicantes (dominicos, franciscanos, carmelitas…) eran de los favoritos de los feligreses ya que tenían una mejor preparación intelectual. Los fieles, necesitados de ayuda tanto espiritual como material, acudían en manada a las iglesias y se comenzó a gestar lo que sería el arte de predicar (ars predicandi).  Los recursos que más utilizaban los predicadores eran las onomatopeyas, la gesticulación, la mímica o la provocación de la risa, y para ello utilizaban un estilo vehemente, populista e incluso tremendista: tenían que ser persuasivos. Los temas favoritos de sus sermones, que podían durar varias horas, eran la moral, la reforma y el dogma católico/cristiano. Cuando no había sitio en las parroquias o iglesias por falta de aforo, no tenían inconveniente en soltar sus diatribas en sitios públicos, al aire libre, lo cual se convertía en un baño de multitudes que acababa con la llamada hoguera de las vanidades, que consistía en la quema colectiva de objetos que no eran necesarios o que eran considerados peligrosos, en señal de arrepentimiento. Entre los predicadores más solicitados cabe mencionar a Jerónimo Savonarola,  Juan Gerson, San Bernardino de Siena o San Vicente Ferrer, por citar solo una pequeñísima muestra.

600 años después todo sigue igual. Cambian los medios, cambian las personas, cambia el lugar, pero el sujeto, el verbo y el predicado siguen invariados, es decir, no cambia el fondo sino la forma.

Hoy, como antes, el sistema habla de fe dogmática (en uno mismo, emprendimiento), de moral (ética en recursos humanos), de reforma (espiritual y laboral), y para ello se sigue utilizando un estilo populista, con toques de humor, se pretende predicar con el ejemplo (storytelling) y se incita a las masas a creer en algo y tirar hacia adelante. Las prédicas tienen lugar en espacios grandes que sirven de escenario para eventos de innovación, en blogs, en congresos de tecnología, en jornadas sobre empleo o emprendimiento, en las redes sociales, en acontecimientos de yonquis del social media, y suma y sigue. Es la era del Ars Predicandi 2.0, y entre los exponentes más claros de este fenómeno podemos citar a… bueno, mejor no pongo nombres, te dejo que seas tú quien llene los puntos suspensivos que seguro que les pones cara rápidamente a los líderes en la materia de este siglo.

Quizá la única modificación sustancial que ha habido es que los predicadores de la Edad Media no cobraban por su trabajo, eran monjes o frailes que practicaban una vida austera y, daban tantos palos al clero dominante por nadar en la abundancia que incluso algunos fueron declarados herejes. Los de hoy en día son tan nómadas como los de entonces, pero ninguno caerá en la herejía porque colaboran con el mensaje oficial, ahora se les llama gurús, expertos, business angels, formadores o apasionados de algo, y además cobran, y mucho en algunos casos, porque a ver, la vida del chapista es corta y dura, y hay que guardar para más adelante, para cuando su discurso esté agotado y sean incapaces de aumentar el número de fieles.

No me digáis que no acojona esto ¿eh?


P.D.: Esta entrada es mi humilde y particular homenaje a José Luis Sampedro, un humanista auténtico.


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