Emprender

Se pueden emprender muchas cosas: una obra, un negocio, un viaje, una guerra o una nueva vida. Emprender es un verbo tan acogedor que admite a su lado complementos directos de índole variada, siempre que indiquen acciones de cierta duración. A menudo son acciones que suponen el principio de un proyecto o recorrido ("el grupo ha emprendido una gira por Europa", "Manuel ha emprendido rumbo a Filipinas"). Otras veces se trata de luchas o acciones bélicas, ya sea en sentido real ("los aviones emprenderán ul ataque al enemigo") o figurado ("los libreros emprenden una cruzada a favor de la lectura"). También acompañan a emprender sustantivos que denotan planes o labores destinadas a un objetivo señalado ("hemos emprendido una política de austeridad para reducir el déficit", "el ayuntamiento emprenderá la reforma del viaducto"), y otros que designan acciones administrativas ("ha emprendido los trámites de divorcio", "hay que emprender las gestiones necesarias para que nos aprueben el proyecto").

Pero no actúa así el verbo emprender en su uso más en boga, empleado aisladamente de forma intransitiva: "abandonó el trabajo por cuenta ajena y se decidió a emprender", "para emprender no es preciso contar con grandes medios", "las ayudas para emprender no son suficientes". ¿Emprender qué?, se pregunta el hablante confundido. Emprender, a secas. Y de ahí sus derivados: el adjetivo "emprendedor" convertido en nombre, "emprendimiento" (ya registrado en el DRAE), y los espantosos "emprendizaje" o "emprendeduría". Otra vez la poderosa economía la ha emprendido con el diccionario. Acabará derrotándolo, como de costumbre, y al hablante no le quedará otra opción que aceptar la novedad.

O emprender la fuga.

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