La verdadera motivación está en la entrepierna

Ayer me vi en la necesidad de hacer espacio en unas baldas especiales que tengo en casa hechas a medida porque me llegaron cuatro nuevos libros de Historia, de los grandes, tamaño álbum de fotos, y no había forma de hacerles un hueco. Total, que me puse a mirar entre lo que podía y debía desechar, al fin y al cabo hay publicaciones que no merecen ascender a la categoría de libros (por ejemplo, la novela romántica), y supuse que algo encontraría, Y lo encontré, ya lo creo que lo encontré.

En cuanto vi unos determinados libros en fila los saqué de inmediato y empecé a hacer una pila para enviarlos a la basura de inmediato, seguramente os sonarán los autores: Wayne W. Dyer, Og Mandino, William Clement Stone, Napoleon Hill, etc. Sí, eso es, los de autoayuda y superación, esos que tan de moda están ahora en boca de expertos en recursos humanos, en marketing, en social media, en emprendimiento y otras hierbas, y que están siendo el caldo de cultivo para que florezcan expertos y gurús como champiñones que nos dan unas conferencias estupendas con consejos diciendo que tú puedes, que el mal tiempo está dentro de ti, que tú eres el puto amo y puedes con todo, que tienes que ser positivo aunque te duelan los huevos de la patada que te acaban de dar en el currelo, en definitiva, que si no te haces rico es porque no progresas adecuadamente.

Hice memoria para recordar cuándo empecé a leer estos libros y el año me salió a la primera, sin esfuerzo, fue en 1990. Ese fue el año en que los negocios multinivel empezaron a calar un poco en España y, muchos de nosotros, nos apresuramos a devorar con avidez este tipo de literatura porque, si alguien te decía que no cuando le proponías entrar en tu negocio, tú tenías que aparentar que no pasaba nada, que tú sí que sabías, que eras más listo que los demás y que al mal tiempo buena cara. Que lo importante es la inspiración, la motivación, los sueños, y que tienes que ir todo el día sonriendo a todos con cara de bobo, porque la solución está en ti. Hay que joderse.

Y en el año de autos de 2013 con una situación económica que da vergüenza, con unos políticos ejerciendo de ladrones como si tal cosa, con un paro escandaloso que nadie sabe cómo contener, con un sistema que tiene más agujeros que un colador, la panacea, el remedio de todos nuestros males, el bálsamo de Fierabrás colectivo es ser positivo, ir a un evento a chutarte motivación en vena, enfocarte en los objetivos, pensar en la recompensa y no en los obstáculos, y tirar para adelante como los bueyes, sin mirar a los lados, que, al fin y al cabo, no pasa nada, y si pasa le saluda, qué coño, que aquí paz y después gloria, si esto se resuelve en un santiamén, hombre Ramón, no me jodas, ¿cómo puedes pensar tan negativo? ¿No ves que en el telediario han dicho que el año que viene escampa? ¡Que en 2015 todo como antes!

Y yo miro hacia atrás y recuerdo lo que he pasado, y me sale del alma un fuerte exabrupto y una colección de tacos que no puedo reproducir porque el engaño es mayúsculo. Nadie te dice que toda esa literatura acaba por no servir para nada, que aquí lo suyo es apretar los dientes, asumir que vas a estar con la mierda hasta arriba, que te puedes llegar a ver con la soga al cuello, que vas a estar tan hundido que no vas a ver la luz al final del túnel y que, aún así, has de seguir adelante, y, sobre todo, has de luchar, porque esa es la característica principal del ser humano, luchar, aunque se te caigan unos lagrimones del 30, porque así es como hemos progresado: con los cojones bien puestos.


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