2ª etapa en Turquía: Troya

Con Canakkale como centro de operaciones, en el estrecho de los Dardanelos, estaba planificada la visita a una de los yacimientos arqueológicos más importantes que existen. Para hacer boca, fuimos a comer a un restaurante frente al estrecho, en cuyo paseo se encuentra situado el caballo utlizado para el rodaje de la película Troya, de 2004, protagonizada por Brad Pitt y dirigida por Wolfgang Petersen. El caballo que aquí véis fue un regalo del equipo de rodaje a Turquía por el malestar que produjo que la película rodase sus exteriores entre Malta y México, en vez de hacerlo en los alrededores de la verdadera Troya.


En la explanada, a su lado, se encuentra una maqueta que reproduce cómo fue la ciudad mostrando las nueve capas superpuestas con explicaciones de cada una. Troya VII-A es la que se considera que corresponde con su legendaria destrucción, por mostrar restos de fuego de alrededor del año 1200, aunque no se sabe con exactitud qué ocurrió exactamente.

Tras la comida iniciamos la visita. En la entrada a la ciudad hay una explanada en la que se exhibe otro caballo, diferente y más grande que el anterior, y en el que es posible entrar y subir hasta arriba para experimentar, cómo no, lo que sintieron los legendarios guerreros dirigidos por Ulises durante el ataque.


Después de hacer las pertinentes tonterías y fotografías en su interior, entramos a la ciudad. Durante el corto camino, el guía contó unas cuantas mentiras acerca de Schliemann para que quedaran en buen lugar tanto el imperio otomano como el gobierno turco. No me hizo gracia, pero había que tragar un poco para que todo fuese bien. Tengo que decir que la visita es mucho más desahogada y menos esforzada que la de cualquier otra ruina que haya visitado hasta la fecha. Los arqueólogos y las autoridades han construido un camino de madera que hace muy fácil el discurrir por ella, aquí podéis ver un ejemplo de lo que os digo.


La construcción de Troya data aproximadamente del año 3000 a.C. siendo por tanto contemporáneos del imperio hitita. Y así como los hititas no se interesaron nunca por las salidas al mar, teniendo su imperio más ubicado en la parte central de Anatolia, Troya tenía un puerto marítimo del que ya no queda nada debido a la erosión y a las modificaciones físicas que experimentó la zona. En donde antes había mar, ahora hay una llanura, la que se aprecia detrás de Garai.


En griego la ciudad se llamaba Ilios (de ahí La Ilíada), y los hititas la llamaban Wilusa, como se encargan de recordarnos en el acceso principal.


Y así, con calma, y entre las explicaciones de Erdem, fuimos descubriendo las diferentes partes de la ciudad.

Las antiguas murallas

Restos de la torre oriental

Antigua rampa principal de acceso
Troya tuvo una vida ininterrumpida durante más de dos mil años. Posiblemente su época más hegemónica corresponde con Troya VI, fundada por inmigrantes indoeuropeos hacia el 1900 a.C., y que comerciaban directamente con Creta. La ciudad era una estratégica zona de paso del comercio entre Oriente Próximo y el Egeo. Los restos de Troya VI demuestran un alto nivel de vida, su cultura había alcanzado un gran refinamiento artístico.

Restos del Megaron, protegidos para evitar el deterioro

Inscripciones en griego


El Buleuterion u Odeon
Restos de la Puerta Sur

Hay más fotos que mostrar y más historias que contar, pero dejemos que primero los arqueólogos sigan trabajando para mostrarnos, cuando las técnicas mejoren, cómo fue Troya y qué ocurrió allí hace miles de años. Hay trabajo para mucho tiempo, y con toda probabilidad yo no veré los resultados de sus esfuerzos, pero me queda el gran recuerdo de la visita a esta legendaria ciudad y su legado, que debemos cuidar y conocer.

Después nos fuimos a alojar al magnífico hotel Kolin, en donde nos dimos un baño relajante en su estupenda piscina, y descansamos en la enorme habitación que nos dieron, que tenía unas vistas magníficas del estrecho de los Dardanelos. Por la noche dimos un paseo por la playita privada que se ve ahí debajo para respirar el aire puro de la zona.


Y después a dormir como niños, cansados, pero felices y relajados. Y todo gracias a Homero.


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