4ª etapa en Turquía: Éfeso

Cuatro años atrás nosotros ya habíamos visto Éfeso debido a una escala que hicimos en Kusadasi y pudimos apreciar la histórica ciudad que tan magníficamente conservada se encuentra. Pero en nuestro camino hacia allí, primero visitamos la Casa de la Virgen que se encuentra situada muy cerca, y que se ha convertido en un lugar de peregrinación saturado por turistas de cruceros, en el que tienes que guardar pacientemente una enorme cola para una visita que no dura ni cinco minutos. La verdad es que decepciona.

Exterior de la casa
Históricamente se sabe que Jesús confió el cuidado de su madre la Virgen María a San Juan Evangelista y éste la trajo a Éfeso. Durante unas excavaciones realizadas a principios del siglo XIX, cerca de una de las fuentes sagradas del Monte Pión, fueron descubiertos los restos de los cimientos de una antigua casa con pedazos de carbón en su hogar. La casa está situada en el mismo sitio donde cada año los cristianos celebraban las fiestas de la Virgen. Las pruebas del carbono 14 confirmaron la hipótesis de que la Virgen había vivido en este lugar pues dataron los restos en el siglo I d.C.

Hoy, sobre aquella antigua casa, hay una pequeña iglesia que visitaron en su momento los papas Juan Pablo II y Benedicto XVI, dejando unos pequeños obsequios conmemorativos, y que no puedo mostraros pues está terminantemente prohibido hacer fotos en el interior. Lo que sí puedo mostraros es una imagen con el tinglado que hay montado en el exterior para que los visitantes enciendan una vela y escriban un deseo en un papel que luego se introduce en unos agujeros de una pared. La verdad es que esta es una visita que solo tiene interés para los verdaderos creyentes, de hecho vimos bastantes personas con sillas de ruedas, bastones u otro tipo de problemas y, curiosamente, es uno de los escasos sitios que están adaptados para que la visita sea físicamente accesible.


Nos fuimos de allí lo más pronto que pudimos para dirigirnos a Éfeso, una de las ciudades más importantes del mundo antiguo y que, como os comentaba antes, ya habíamos visitado en 2009 y por este motivo hemos podido comprobar que ha sufrido importantes cambios y que está en una permamente reconstrucción.

Entrada principal
Éfeso es como un gigantesco museo al aire libre y es una de las zonas arqueológicas más grandes que existen dada la gran cantidad de obras que se encuentran ubicadas en su lugar original. Su trazado, utilizando el sistema de reja mediante el cual las calles se cortan en ángulos rectos, es obra del célebre arquitecto Hipódamos de Mileto. Por esta ciudad han pasado carios, jonios, persas, romanos y bizantinos, por citar algunos, de tal manera que se convirtió en un centro cultural y económico de primer orden en la Antigüedad; aquí estuvo el Templo de Artemisa, considerada una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo, y también fue construida aquí una de las Siete Iglesias del Apocalipsis. San Juan Evangelista la eligió para escribir su Evangelio. Es increíble la historia que hay en sus ruinas.

Vía de los Curetos
La Vía de los Curetos es la calle principal de la ciudad. Los curetos eran los sacerdotes que debían llevar leña al fuego sagrado del Pritaneo, su nombre induce a creer que descendían de la antigua Creta, pero no quiero entrar en muchos detalles, simplemente os pongo unas cuantas imágenes significativas del recorrido para que disfrutéis del paseo.

Odeón
Pritaneo (como un ayuntamiento)
Termas de Vario
Templo de Domiciano

Templo de Adriano
Letrinas
En las letrinas se ha producido un cambio significativo. En 2009 los visitantes se podían sentar en ellas, de hecho nosotros tenemos un par de fotos emulando a los romanos cuando cagaban en comuna. Las letrinas eran el mejor sitio para hablar y conspirar ya que ellos no tenían el pudor de nuestra época. Debido al deterioro producido por los turistas, hoy se han puesto unas cuerdas alrededor de ellas que impiden el acercamiento, solo puedes pasear a su lado para hacerles fotos. La verdad es que su estado de conservación es increíblemente bueno.

Fuente de Trajano
La diosa Atenea Niké
En Éfeso pude comprobar el escepticismo que rodea en un viaje a cualquier cosa que no sea la explicación del guía. Al entrar a la ciudad ayudé a Erdem a recordar el nombre de Sila, el dictador romano que venció a Mitrídates, pero ni aún así logré la credibilidad del resto del grupo. Mientras íbamos descendiendo por la Vía de los Curetos les comenté a unos chicos de Barcelona que, lo que se ve en la foto, es la diosa Niké en la cual se inspiraron los creadores de la marca deportiva Nike (pronunciado "naik") y no me creyeron. Pero al llegar el resto del grupo a la imagen de la diosa, Erdem contó exactamente lo mismo y entonces todos le creyeron, se asombraron, y se hincharon a hacer fotos. Naturalmente los chicos catalanes reconocieron que sabía lo que decía, pero no me sirvió en ningún momento del viaje para ganarme la confianza de nadie. Resulta curioso esto teniendo en cuenta que los guías turísticos cometen una enorme cantidad de errores por carecer de conocimientos de historia e incluso, a menudo, la adulteran a propósito. Por ejemplo, en el caso de las siguientes fotos.


 
                     Representación de Hermes (Mercurio) y un caduceo.

Aquí el guía hizo algo que es habitual, confundió en sus explicaciones lo que es y significa el caduceo con el símbolo de la vara de Asclepio que representa a la medicina. Y todos tan panchos. Y si pones una objeción o haces algún apunte pues quedas como un listillo o como un incordio, y no sé qué es peor. Así que a callar y "palante".

Continuamos andando y llegamos a una de las "joyas de la corona" de la ciudad: la biblioteca de Celso.


Es la segunda vez que la visito y no me canso de mirarla, me parece una verdadera preciosidad. Fue construida en el siglo II d.C. por un cónsul romano en memoria de su padre. Su restauración ha sido posible gracias a un excelente trabajo llevado a cabo con material encontrado en las múltiples excavaciones realizadas. Si ampliáis la foto y os fijáis un poco, detrás de cada par de columnas de la parte inferior hay cuatro grandes estatuas, y representan la Sabiduría (Sofia), la Virtud (Areté), el Intelecto (Enoia) y el Conocimiento (Epísteme).

Para continuar la visita hay que caminar por la parte derecha que véis a la derecha de la foto con dos arcos, y es que aquí se ha producido otro cambio sustancial en el recorrido. Ya no se puede ir por el Cardo Máximo como antes, que está cerrado por unas obras de restauración, sino que hay que continuar pasando al lado de la bibliioteca para llegar al Ágora.

En el Ágora
Estatua de Artemisa (no es original)
Del templo de Artemisa, una de las siete maravillas del mundo antiguo, no queda nada excepto una columna, por lo que el siguiente punto culminante de la visita lo constituye el Teatro, la otra joya de la ciudad. Y es que este teatro, que se encuentra magníficamente conservado, tenía una capacidad para unas 24.000 personas aproximadamente, lo que le convertía en el más grande. Aquí, San Pablo se hartó de predicar en contra del culto a Artemisa y otras deidades no cristianas, pero no tuvo mucho éxito el pobre. No tenéis más que imaginarle soltando sus diatribas a miles de personas para pensar en lo comprometida que era la situación y su falta de "éxito".

Teatro de Éfeso
Por cierto, aprovecho para comentar algo que induce a error y que os puede hacer ganar un trivial :-). A menudo es complicado que las personas diferencien entre teatro, anfiteatro y circo. Bien, os va a resultar muy fácil acordaros si tenéis en cuenta que el teatro es semicircular, como éste de Éfeso. Por el contrario, el anfiteatro es ovalado, como el que tenemos en Tarragona. Y el circo es un anillo alargado, con dos lados rectos, del cual tenemos un claro ejemplo en Mérida. Fácil ¿no?

Impresionante vista del Teatro desde el Ágora inferior
Al pie del teatro, cuya visita cansa por la enormidad de su tamaño, el grupo estaba ya muy cansado por las visitas y los kilómetros recorridos cada día, y muchos nos quedamos sentados a la espera de que los más atrevidos subieran a hacer fotos como ésta. Y entonces me ocurrió algo sorprendente. Un señor bastante mayor que aparentaba tener unos 70 años, y que se servía de unas muletas para caminar con dificultad (tenía unas marcas muy visibles en las piernas de haber padecido alguna dura enfermedad), me tocó en el hombro y me pidió muy amablemente en un inglés impecable, no como el de otras, que me moviese un poco para dejar espacio para sentarse a otra persona en la piedra en la que me encontraba. Por supuesto lo hice rápidamente y, el señor sacó un pañuelo, limpió como pudo la superficie de la piedra para que no hubiese polvo, ¡e invitó a sentarse a un miembro de un pequeño grupo! Yo pensaba que me pedía que le dejara sentarse y resultó que él era un guía que daba explicaciones en inglés, de pie, a su grupo, mientras se secaba la frente perlada de sudor. Difícilmente olvidaré esa escena. Pensé en qué pasaría por las cabezas del grupo que llevaba, seguro que se sentían mal por estar ellos sentados mientras el guía hacía su trabajo como un jabato.

Y pensé que allí ocurrió igual que en España, un país en que cualquier cabrón de mierda roba las plazas de aparcamiento reservadas a discapacitados, un país en el que ni dios cede un asiento ni abre una puerta a alguien con muletas, un país en el que cualquier comunidad de vecinos impide colocar una rampa en un portal. ¡Cuánta educación, civismo y normas de buena conducta podemos aprender de países a los que miramos por encima del hombro!

En fin, vamos a finalizar con nuestra visita que ya va siendo hora :-). El siguiente y último paso del día fue la Basílica de San Juan. Debo reconocer que yo no estaba al corriente de la existencia de estas ruinas y me llevé una grata sorpresa. Se trata de una construcción bizantina del siglo VI realizada por el emperador Justiniano para honrar al apóstol Juan.

Al fondo la Ciudadela de Selçuk

Parte central del synthronon (donde se sentaba el clero)
La tumba sagrada de San Juan

Una vez acabada la visita nos dirigimos al excelente hotel Spa Colossae Thermal situado en Pamukkale. Después de un día tan soleado y agotador, nos dimos un baño relajante en la estupenda piscina que podéis ver en su web, descansamos un rato, nos aseamos, y tras la cena fuimos a tomar un refresco para ver la danza del vientre que había por la noche en la terraza. La bailarina era tan cutre y entradita en años que nos fuimos a dormir al poco rato de oscurecer, porque al día siguiente teníamos tres platos fuertes: Hierápolis, Pamukkale y Afrodisias. Tengo que reconocer que yo estaba en mi salsa y disfrutaba solo con pensarlo.


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