5ª etapa en Turquía: Hierápolis - Pamukkale - Afrodisias

Pamukkale (en turco "Castillo de algodón") es una de las zonas más increíbles que existen. Está al lado de la ciudad de Hierápolis y, dado que es una zona activa tectónicamente hablando, la antigua ciudad romana ha sufrido numerosos terremotos y probablemente fue ese el motivo por el que fue abandonada.

Puerta de Domiciano
Hierápolis es un yacimiento arqueológico de primer orden en el cual se trabaja desde hace años y del que se están sacando a la luz muchísimas obras de arte que se restauran para ser expuestas en museos. Es una fuente de información de gran valor, y por ello se pueden ver entre sus restos los materiales con los que trabajan los arqueólogos.

Puerta Bizantina o Norte y Ninfeo
Baños romanos
La ciudad fue fundada alrededor del 190 a.C. y su nombre proviene de Hiera, la esposa de Telefos, fundador de la ciudad de Pérgamo. Fue heredada por los romanos junto con las tierras del Reino de Pérgamo de acuerdo con el testamento de Atalo III, su último rey atálida.


Calle de Frontino
La ciudad fue destruida por un terremoto en el 17 d.C. en época de Tiberio, y en el 60 d.C., en época de Nerón, y cuando aún no se había recuperado del anterior, sufrió un nuevo seísmo y volvió a ser destruida. Durante los siglos II y III se convirtió en un importante centro de descanso veraniego para los nobles de todo el Imperio Romano, que acudían allí por sus aguas termales. Hoy día son los rusos quienes invaden la zona emulando a los romanos, están por todas partes.

Ahora bien, no es por ninguna de estas fantásticas ruinas por lo que es conocida Hierápolis sino por su enorme necrópolis. Yo nunca había estado en ningún sitio igual y me quedé boquiabierto al ver la gran cantidad de tumbas, túmulos, sarcófagos, tumbas licias y tumbas monumentales que hay. Y es que en este gigantesco cementerio reposan los restos de aquellos enfermos que vinieron a curarse con las aguas de Pamukkale y, evidentemente, no lo lograron. Cada tumba encierra una historia y son como pequeñas obras de de arte que testimonian el paso de tiempo y de las múltiples culturas que hasta allí se acercaron.

Una sección de la necrópolis
Detalle de la necrópolis
Tumbas monumentales y sarcófagos
Túmulo
Y todo el recorrido es similar transcurriendo paralelo al precioso paseo que une la ciudad con las fuentes termales.



Y una vez que llegas a la entrada principal de las aguas termales, tomas un camino que hay a la izquierda y accedes a la joya de la corona, el majestuoso teatro enteramente construido en mármol y que tuvo una capacidad cercana a los 20.000 espectadores. Disfrutad de la vista por gentileza de mi buen amigo José Tamames que ha hecho una foto realmente magnífica.

Teatro de Hierápolis
Una vez vista Hierápolis es el turno de las famosas fuentes termales. Desde la antigüedad, cientos de miles de personas han peregrinado hasta ellas en busca de la curación de sus males. Pero más allá de las propiedades curativas es necesario significar el hecho de que son de una belleza fuera de lo común debido a la fuente termal calcárea que se ha creado con el paso de los siglos por la acumulación de cal debida a la evaporación del gas carbónico.



Había que tener un cuidado extraordinario al caminar sobre las aguas pues el suelo estaba tremendamente resbaladizo, nosotros vimos varias caídas durante el tiempo que estuvimos allí. Eso sí, las vistas son fabulosas.

Complejos hoteleros para turismo de spa
Las capas de cal adquieren formas indefinibles creando un espectáculo visual hermoso. Estuvimos de día, pero al atardecer las pisicinas naturales que hay en distintos niveles nos muestran que la naturaleza, como siempre, supera la mano del hombre.


Desgraciadamente hay un problema con el agua; la zona se está secando y es necesario que sea regada por la mano del hombre distribuyéndola equitativamente por las diferentes áreas, con el fin de que no se pierda el hermoso juego de colores. Si el gobierno turco no hubiese tomado medidas se habría perdido uno de los sitios que más turistas atrae.


La calidad de estas fotografías no es buena, se puede apreciar perfectamente que algunas están quemadas por el contraste solar, pero si hacéis una búsqueda en Google Images con el nombre de la ciudad, veréis de lo que es capaz la naturaleza. Nosotros lo dejamos aquí y nos dirigimos a la última etapa del día, Afrodisias.

Hace unos 5.000 años que llegaron los primeros hombres a las tierras que hoy nos muestran los restos de una de las ciudades antiguas con más encanto que existieron. La que era la antigua Caria tuvo su época de esplendor bajo el dominio romano.

Templo de Afrodita
El Sebasteion
Como es lógico su nombre proviene de la diosa Afrodita, la diosa griega del amor, que superó en culto al dios Zeus, debido a su influencia en Anatolia, tal y como ocurrió con la diosa Artemisa en Éfeso.


El Teatro
Ya en época cristiana, el imperio bizantino le cambió el nombre por el de Savropolis (ciudad de la cruz) con el fin de acabar con el poder del culto a la diosa y, además, la convirtió en obispado.

El Odeón


Mi favorito, el Estadio, de fabulosas dimensiones

La puerta de entrada, el Tetrapilón, está reconocida como una de las obras maestras de arte de aquella época. Ha sido restaurada con todo el cariño y es de una belleza indescriptible. He dejado su foto para el final porque puedes veniros bien incluso como fondo de pantalla para el móvil. Yo la he utilizado y  luce fenomenal.


Afrodisias tiene a la entrada un museo en el que hay multitud de objetos y restos encontrados en la zona. El museo es pequeño pero su contenido es realmente asombroso. En la explanada de acceso hay sarcófagos y otras estatuas.



Es tal la cantidad de piezas encontradas que se han tenido que repartir por otros museos. Yo os voy a dejar una pequeña muestra de lo que hay en sus galerías para que apreciéis su riqueza, mi recomendación es que no dejéis de ir a verlo, es realmente sorprendente.












Fabuloso ¿verdad? El valor y la belleza del contenido de este museo solo fue superado durante el viaje por el Museo de las Civilizaciones Anatolias de Ankara. Me quedé tan impactado que me quise llevar un recuerdo y compré en su tienda un disco de música turca chillout que llevo en el coche y, de vez en cuando, vuelvo a visitarlo mentalmente. Me proporciona una sensación de paz cuando voy al volante difícil de explicar.

Tras acabar esta jornada tan intensa nos dirigimos al Hotel Su, en Antalya, que resultó ser el hotel más flipante del viaje. Todo en él es blanco, la ropa de los empleados, las paredes, las habitaciones, todo, a excepción del restaurante que es de un intenso rojo que puede llegar a molestar. En el enorme hall de entrada hay unos cuantos sofás blancos donde te puedes incluso tumbar para conectarte a internet, ya que es la única zona del hotel donde hay wifi gratis; del techo cuelgan bolas de discoteca de las antiguas que le dan un toque setentero de lo más curioso. Al principio tiene su cosa pero luego cansa un montón porque el color aburre, por momentos parece que estás en un hospital. Fijaos si será un hotel de contrastes que tenía la mejor y más grande oferta culinaria de todo el viaje, al mismo tiempo que observamos ya en la primera noche que había bastantes prostitutas esperando a sus clientes en el hall. Y es que encargar este tipo de servicio por teléfono era algo muy normal en la zona. Y por supuesto había alcohol a la venta. Nosotros nos fuimos a la cama porque al día siguiente tocaba otro día cargado de historia y naturaleza, con ruinas de ciudades, sol, mar y hermosas cascadas, y es que llegábamos al Mediterráneo. En la próxima entrada os lo cuento.

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