Desdramatizar la independencia

Este video que os dejo aquí, y cuyo visionado os recomiendo, tiene ya un tiempo pero viene estupendamente para tocar un tema de candente actualidad porque nos permite ver las cosas desde un punto de vista más objetivo. Se trata de un timelapse que nos muestra la evolución de los países europeos, y por tanto de sus fronteras, en el último milenio. No dejéis de verlo antes de entrar en harina.


El tema de candente actualidad, para el cual nos viene al pelo el visionado del video, es el de la reinvidicación independentista que crece en Catalunya y que es una cuestión que también está siendo retomada desde Euskadi.

Me parece lógico que este sea un tema que cause un enorme revuelo, al fin y al cabo, hiere muchas sensibilidades y abre viejas heridas que aún no han cicatrizado, pero lo que nunca se debe hacer es apoyarse en argumentos ladinos y tendenciosamente manipulados para negar la realidad que, por otra parte, es terca y está ahí. Me explico.

El argumento más manido para ir en contra, o a favor, de la independencia de Catalunya, de Euskadi o de quien sea es, siempre, el de que quien la pide no conoce la Historia o reniega de ella, aunque también hay alguna excepción, como es el caso de Arturo Pérez-Reverte, intelectual oficial del reino que no duda en reforzar su mensaje diciendo "viaje usted más, lea libros, y así se le curará el nacionalismo" o "usted no tiene ni puta idea de la Historia". Bien. Expresiones como éstas no están mal como argumento literario, al fin y al cabo este modo de escribir le produce pingües beneficios a tan celebérrimo académico, pero de ahí no pasa, porque si algo nos muestra la Historia es que la realidad es justo la contraria, es decir, que los cambios y las transformaciones territoriales son el pan nuestro de cada siglo y forman parte natural de nuestro paisaje histórico cultural.

Y el señor Reverte contagia: es tal el tirón que tienen sus afirmaciones (se le considera un líder de opinión) que todo el mundo se apresta a secundarle y se erige en conocedor de la Historia. Mal hecho. La Historia no es una ciencia que se estudia con el fin de memorizar datos, fechas y acontecimientos, eso sirve únicamente como signo de erudición a quienes pretenden ser protagonistas en algún momento. Estudiar y conocer la Historia nos sirve para comprender el mundo que vivimos en el presente, cómo ha llegado a ser lo que es y, de esta manera, poder llegar incluso a intuir su evolución futura. Por tanto cabe recordar a todos que la lectura de miles de libros no le convierte a uno en historiador por muchas horas que se hayan dedicado a ampliar conocimientos. Un historiador tiene que conocer todas las cuestiones acaecidas en el pasado y extraer, por ello, conclusiones objetivas que permitan analizar y entender el presente, y eso se adquiere con las prácticas, metodologías y enseñanzas propias de la carrera universitaria, algo de lo que el señor Reverte, y la gran mayoría de los españoles, carece, más que nada porque esta suele ser una ciencia minusvalorada en una época que cada vez pivota de forma más asquerosamente grosera en torno a la tecnología y a la insustancialidad latente en las redes sociales.

En el video se aprecia claramente algo que estudiamos y aprendemos en los libros de Historia, que el mundo evoluciona, sus fronteras son cambiantes y no hay nada que se pueda dar por válido en el presente solo por el hecho de que haya sido parte del pasado. Nuestra mente tiene que ser mucho más abierta y más objetiva, y debemos estar desprovistos de la intención de enjuiciar cuando lo que realmente procede hacer es explicar. Pero claro, esto en este país es casi misión imposible.

Por si alguien piensa que las naciones europeas que actualmente conocemos han surgido por generación espontánea, ahí tenemos la impagable labor pedagógica del vídeo. El sentimiento nacional europeo, ese que tan arraigado está ahora en muchas personas, surgió en la Baja Edad Media, entre los siglos XIII al XV, y en esos tiempos ocurrieron hechos tremendamente relevantes que fueron conformando lo que hoy son, más o menos, los estados modernos. Ahí tenemos, por ejemplo, la Guerra de los Cien Años de la cual salió la actual configuración de Francia cuyo territorio estaba partido en dos debido al Imperio Angevino.

Por todo ello hay que concluir que la aspiración independentista de Catalunya y Euskadi no es un delito, ni algo nuevo, no hay que rasgarse las vestiduras por ello. Puedo entender que quienes tienen una concepción territorial de nación se enerven y quieran incluso recurrir al ejército para impedirlo, pero eso no les convierte más que en patriotas de un rancio sesgo ideológico. Contrariamente a lo que afirman mis amigos de Sintetia, históricamente los motivos más importantes para la separación entre territorios son económicos, aunque, lógicamente, detrás subyace también un componente sentimental e ideológico, como ocurre actualmente en Catalunya.

Por eso cuando un país está pésimamente gobernado durante años, como es el caso de España en el que los despropósitos de PSOE y PP se acumulan de forma inmisericorde, se genera el caldo de cultivo para el independentismo. Y es que a nadie le apetece salir en la foto con políticos, empresarios y banqueros corruptos que transmiten una imagen nefasta de país.

No pretendo en esta entrada posicionarme a favor ni en contra de la independencia, mi opinión personal no cuenta y no es el objeto de esta entrada, simplemente quiero expresar que esta reivindicación es legítima, que debe ser una decisión tomada por catalanes y vascos, porque lo contrario es hacerse trampas al solitario, y que la Constitución debe ser reformada para que tenga cabida esta cuestión, sin dramatismos, sin patrioterismos baratos, sin demagogia. Al fin y al cabo no se le puede obligar a uno a sentirse español por decreto, ni tampoco un matrimonio dura toda la vida si uno de los cónyuges no quiere.¿O acaso los españoles nos sentimos alemanes? No ¿verdad? Pues ahora mismo es lo que se nos pide.

Entradas populares de este blog

Podemos desde la Historia

La Estética Trascendental en Kant

Historia y progreso según Kant