Las redes sociales: el nuevo opio del pueblo

Parece que las redes sociales digitales han estado siempre ahí, y sin embargo su eclosión comenzó a partir de fechas tan significativas como 2002, cuando fue lanzada Linkedin, 2004, año en el que Facebook vio la luz, y 2006, año de nacimiento de Twitter; a partir de ahí, comenzó el desmadre que, a día de hoy, sigue imparado. Un rosario de rrss y similares siguen apareciendo cada semana (Google +,  XING, Orkut, Tuenti, Tumblr, Foursquare, Instagram, blogs, etc.), y uno no sabe cuándo parará esto: incluso algunas de ellas únicamente pueden ser utilizadas mediante dispositivos móviles.

El mundo "enredado"

Desde la atalaya que me proporciona mi labor de investigador observo, con una actitud más objetiva de lo habitual, que todo el mundo se afana en actualizar su estado y publicar en ellas cosas como "preparada para salir de fiestuqui", "I'm at Castroculo", "Mariano ladrón" o "aquí estoy, cagando". Y para no perder comba, que el que fue a Sevilla perdió su Klout, se crearon los programas que permitan programar los mensajes, de tal manera que uno revisa el TL de "Paco Pepe" y observa que el tío no duerme. Cada media hora publica un tuit. Todo muy normal, oye.

El mensaje general desde que comenzó esta fiebre es que "compartir es bueno", esa es la consigna que muchos se han incrustado en el cerebro a sangre y fuego, y no hay quien los apee de la burra. El impacto de esta forma de difusión es tan brutal que, poco después de ser comprobada su expansión, nacieron los "profesionales del marketing" que nos dijeron que esta era la forma más barata y rápida de vender nuestros productos y servicios (mejor no menciono casos concretos). Después el mundo entero se apresuró a asumir y propagar que las revoluciones eran posibles gracias a que con esta manera de comunicar no es posible acallar la voz del pueblo (mejor no menciono casos concretos). Luego vino la imparable tendencia de comentar en directo el programa de televisón nocturno que se está viendo (mejor no menciono casos concretos), y últimamente se ha visto un aumento de voces protestantes, o sea, personas que protestan continuamente, proclamando a tuit en grito que ahora sí, ahora la democracia ha alcanzado su máxima expresión (acertaste, mejor no menciono casos concretos).

Cualquiera medianamente sensato e inteligente sabe que esto no durará eternamente, que este afán por compartir se acabará más pronto que tarde, porque entrar en las redes sociales es, ahora mismo, un peñazo insoportable: ruido, ruido y más ruido.

El Imperio Romano fue el que "patentó" el pan y circo, que permitía mantener anestesiado al pueblo esclavizado hasta límites insospechados. Más tarde Karl Marx hizo famosa la frase "La religión es el opio del pueblo", haciendo ver así que, mientras esa droga existiese, las reivindicaciones sociales pasarían a un segundo plano o incluso se dejarían de lado, y es que ya se sabe que la resignación cristiana, que nos la han metido en el cerebro a base de catecismos, misas y reglazos en las manos (esto último para reforzar la fe), puede con todo: "¿Que no te llega para comer? No te preocupes, hombre ¡Dios proveerá!"

Lo que ocurre es que se nos han pasado por alto unos pequeños detalles al respecto: el primero es que es más fácil que nunca cortar las comunicaciones; el segundo es que lo que sale en las rrss es noticia anecdótica en los medios tradicionales, que son los que llegan en realidad a todo el mundo; y el tercero es que las rrss no hacen daño a los gobernantes ni sus sistemas, para cambiar las cosas sigue siendo necesario salir a la calle, que es lo que realmente hace daño al poder establecido, sea cual sea su color. Y el problema es que ahora uno se indigna desde el sofá, que es mucho más descansado y menos sufrido que ir a la calle y recibir un vergazo.

Y es que el circo romano de antaño, se transformó en religión, para mutar de nuevo en otro circo, el de las redes sociales: el nuevo opio del pueblo. Nadie ha entendido aún que la tecnología, a quien realmente ha empoderado a lo largo de la Historia, es a los que detentan el poder.

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