Por un puñado de huesos

Desde que tengo uso de razón recuerdo el tradicional encasillamiento académico entre "los de ciencias" y "los de letras", y de eso hace mucho, el fin de mi primera etapa educativa (ahora estoy inmerso en otra) lo puse en el inolvidable 75 (fue un gran año para el recuerdo, palmó Franco).

Por si a alguien le pica la curiosidad, yo fui "por ciencias" hasta que terminé, y siempre me he considerado un hombre con perspectiva racional, científica, de ahí mi insultante y convencido ateísmo, entre otras características que me definen para bien o para mal. Y ahora que estudio Geografía e Historia porque he descubierto que es lo que realmente me pone, sigo considerándome, porque lo soy, un hombre de ciencia. Por eso hay cosas que me joden. Y por eso escribo esta entrada.

Resulta que yo sigo percibiendo a diario el desprecio de los autoproclamados científicos (algunos me lo dicen directamente) y es que, al parecer, los historiadores no merecemos alcanzar ese "rango". Es por eso que, en eventos como el de Naukas, nunca aparece un antropólogo, un egiptólogo, un historiador del arte o similares. En alguna ocasión me he quejado de esto a algunos de sus impulsores en las redes sociales, porque clama al cielo semejante menosprecio. En fin. Todo esto se debe a que, al parecer, nosotros no trabajamos sobre certezas, sobre evidencias, no podemos aportar evidencias empíricas de lo que afirmamos y, por tanto, nos movemos en el mundo de las creencias y de la subjetividad. Es curiosa esta actitud, de lo más curiosa: resulta que un físico puede elucubrar una y mil veces sobre lo que es un agujero negro, puede refutar a otro colega, e incluso escribir un libro que se convierte en la nueva Biblia académica de esa rama de conocimiento, pero sin pruebas empíricas (sea o no un pleonasmo la expresión) que lo corroboren (aún no ha vuelto nadie de allí para contarlo). Ahora bien, que no se le ocurra a un historiador asegurar que lo que ocurrió en Hendaya entre Hitler y Franco (hoy me estoy cebando con éste, por qué será...) fue debido a un malentendido porque entonces la tenemos liada: seríamos un tremending topic de esos.
"Incluso el pasado puede modificarse; los historiadores no paran de demostrarlo". Jean Paul Sartre.
La única y tímida concesión que se hace a los historiadores por parte de los científicos viene de la mano de la Arqueología, ya que se apoya en el uso de avanzadas técnicas de investigación mediante el uso de tecnología (como si el resto de historiadores no lo hicieran...). La Historia, en el resto de ocasiones, a los científicos solo les sirve para contar anécdotas que sustentan sus teorías o como reclamo en blogs para atraer lectores. Cuesta una barbaridad que el trabajo de los historiadores sea reconocido y tenido en cuenta, cuesta mucho, demasiado, es realmente agotador todo lo que hay que hacer para merecer el respeto de la comunidad científica y captar el interés general. Y cuesta tanto que resulta descorazonador que tengamos que aguantar soplapolleces como ésta escritas en un medio de prestigio. Todo el trabajo de años al garete por escribir un artículo que solo sirve para dar notoriedad a un aficionado. Y en éstas, aparece Cervantes.

Ni os cuento lo que se sufre cuando suceden esperpentos como éste. Es tremendamente dañino que profesionales con una reputación tan grande como Francisco Etxeberria, quizá el antropólogo forense más prestigioso de España, participen en el despropósito que ha supuesto todo lo relacionado con la identificación de los huesos de Cervantes. Se sabía desde antes de comenzar las excavaciones que iba a ser imposible afirmar con rotundidad que los huesos de Cervantes estaban allí. Se sabía de la imposibilidad de cotejar ADN. Por tanto, se sabía que el único interés que había detrás de todo el tinglado no era científico sino propagandístico. Es muy recomendable la lectura de este artículo para entender lo que hay detrás del "affaire" Cervantes.

De nuevo la ciencia al servicio de la política. De nuevo el prestigio de la Arqueología y la Historia por los suelos. De nuevo a batallar contra la ignorancia y la incomprensión hacia las ciencias sociales. Qué hartazgo... Y todo por un puñado de huesos.


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