Reseña de "Identidades asesinas", de Amin Maalouf

"En el caso de este libro, que no es ni un divertimento ni una obra literaria, quiero formular el deseo contrario: que cuando mi nieto sea hombre, al descubrirlo un día por casualidad en la biblioteca familiar, lo hojee, lo mire por encima y después lo vuelva a dejar en el estante lleno de polvo del que lo ha sacado, encogiéndose de hombros, extrañado de que en la época de su abuelo fuera necesario decir cosas como éstas".

Este es el párrafo final del libro Identidades asesinas, de Amin Maalouf, con cuya conclusión no estoy lógicamente de acuerdo ya que es un libro a releer, y sobre el cual quiero introducir una pequeña reseña en esta entrada.

Amin Maalouf es un escritor al que vengo siguiendo desde hace tiempo por la lectura de dos de sus obras que yo considero realmente excelentes, Las cruzadas vistas por los árabes y Samarcanda. Maalouf nació en Líbano en 1949, pero desde hace mucho tiempo vive en París y escribe su obra en francés. En 1993 ganó el premio Goncourt por su novela La roca de Tanios, y en 2010 fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras; posteriormente, en 2011, fue elegido miembro de la Academia Francesa en la silla 29.

Amin Maalouf
En Identidades asesinas nos encontramos ante un pequeño ensayo publicado en 1998, de tan sólo 192 páginas, que se leen en poco más de una hora dado que desde el primer momento el autor capta totalmente nuestro interés al ser narrado en primera persona desde su propia experiencia vital. Se estructura en cuatro apartados, divididos a su vez en capítulos muy cortos, con un epílogo final que nos sirve a modo de introducción a nuestra propia reflexión personal. Veamos cada apartado:

1.- Mi identidad, mis pertenencias.

En este apartado Maalouf profundiza en la idea de que la identidad personal es única y compleja por lo que se opone al esencialismo, y para ello escribe párrafos tan acertados como estos:

- «La identidad no se nos da de una vez por todas, sino que se va construyendo y transformando a lo largo de nuestra existencia». 


- «Desde el comienzo de este libro vengo hablando de identidades asesinas, expresión que no me parece excesiva por cuanto que la concepción que denuncio, la que reduce la identidad a la pertenencia de una sola cosa, instala a los hombres en una actitud parcial, sectaria, intolerante, dominadora, a veces suicida, y los transforma a menudo en gentes que matan o en partidarios de los que lo hacen».

2. - Cuando la modernidad viene del mundo del Otro.

Este es, sin lugar a dudas, mi apartado favorito del libro. Aquí el escritor reflexiona, con gran acierto, en las cuestiones que provocan la violencia generalizada en la que nos encontamos inmersos. Introduce aspectos y dudas sobre las grandes religiones, cristianismo e islam, sobre las cuales muy pocas personas han recapacitado, y que sin embargo nos proporcionan una gran cantidad de pistas válidas para ver que nadie tiene el monopolio de la verdad. La imparcialidad y objetividad con que Maalouf trata este dilema es una absoluta delicia que, por sí misma, ya justicaría la compra y lectura del libro, aún prescindiendo del resto, algo que, por otro lado, no aconsejo hacer en absoluto.

3. - La época de las tribus planetarias.

En el tercer apartado aborda el tema de la globalización, calificada como mundialización por el autor. Maalouf nos hace comprender que cualquier tradición es respetable mientras respete los derechos humanos.

- «Los derechos son inherentes al ser humano. Contra ello no puede ir ninguna religión, ideología o identidad».

- «Las tradiciones sólo merecen ser respetadas en la medida en que son respetables, es decir, en la medida en que respetan los derechos fundamentales de los hombres y las mujeres. Respetar tradiciones o leyes discriminatorias es despreciar a sus víctimas».


4. - Domesticar a la pantera.

Maalouf se enfoca aquí en la pertenencia que, según él, es la más importante de las que atesoramos por ser una de las más determinantes: la lengua. Y concluye:

- «Se debería animar a todo ser humano a que asumiera su propia diversidad, a que entendiera su identidad como la suma de sus diversas pertenencias en vez de confundirla con una sola, erigida en pertenencia suprema y en instrumento de guerra. Especialmente en el caso de todas las personas cuya cultura de origen no coincide con la cultura de la sociedad, y habría que hacer lo posible para que nadie se sintiera excluido de la civilización común que esta naciendo , para que todos pudieran hallar en ella su identidad».

Hasta la lectura de este libro yo había leído al Maalouf de la novela, al narrador de historias, pero con este pequeño ensayo he descubierto al Maalouf persona, a un gran humanista. Es una verdadera delicia ver cómo se desnuda ante nosotros en algunos puntos con el fin de exponer la dura realidad. Es sorprendente ver con qué facilidad deja al descubierto las vergüenzas de las religiones al mismo tiempo que se declara creyente, cristiano para más señas. Creo sinceramente que Identidades asesinas es un libro que debería ser leído por todo el mundo, sin prisa, pero sin pausa. Es posible que tras su lectura haya personas que descubran la inmensa gama de grises que hay en nuestra raza, y que nadie está en posesión de la verdad absoluta: es necesario ser más autocríticos. Por si esto fuera poco para recomendarlo, hay que decir que sus planteamientos nos pueden ser de gran utilidad en los debates y dilemas que se nos plantean a diario a todos los niveles, ya sean formativos, laborales o familiares.



Espero y deseo haber logrado captar vuestro interés en la lectura de este libro, si es así, podéis comprarlo en su última edición en esta dirección.


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