El legado de los Médici

Los Médici fueron una poderosa familia italiana del Renacimiento que dominó Europa durante 300 años. Si uno quiere ver hasta qué punto fueron toda un poder en su época, no tiene más que darse una vuelta por Florencia y admirar la enorme cantidad de obras de arte que convierten a la ciudad en una de las más admiradas del mundo. Aún se respira la Edad Media cuando paseas por sus bellas calles.

Cosme de Médici: padre de la estirpe. Los Médici impusieron su poder en el siglo XIV cuando Juan de Bicci de Médici, el primer banquero del clan, se convirtió en uno de los hombres más ricos de Europa. Su hijo Cosme (1389-1464), llegó a erigirse en gobernador de Florencia y fundó la dinastía política familiar.
Hasta el pasado verano hubo en Manheim una extraordinaria exposición abierta titulada Los Médici: personas, poder y pasión, en la cual se podía ver una imagen en 3D del cadáver exhumado de Ana María Luisa de Médici, la última del clan, fallecida hace 270 años, junto con tesoros de de la familia procedentes de museos de Florencia, Viena, Munich y Berlín, y otros bienes privados que hasta ahora no habían sido vistos. Esto ha sido posible gracias a que un grupo de científicos y restauradores han reproducido una imagen tridimensional exacta utilizando un escáner 3D portátil, limpiando los huesos y tejidos de los restos del interior de su sarcófago. Según la tradición de la familia, las entrañas debían ser enterradas separadas del cuerpo, y los científicos han intentado averiguar la causa real de su muerte ya que ésta sigue sin estar clara a día de hoy. Por si esto fuera poco, creen que es posible reconstruir la dieta habitual de la señora mediante el análisis de los restos químicos extraídos de sus huesos. Y es que su propio cuerpo es un legado histórico.

Ana María Luisa: la heredera sin herederos. El último miembro del clan de los Médici, Ana María Luisa, vista por uno de los artistas de su época, Jans Frans Van Douven. Murió a los 75 años sin dejar descendencia.
Quizá en origen esta fue una familia de médicos, como su propio nombre parece indicar, pero acabaron convertidos en políticos ambiciosos, taimados banqueros y apasionados mecenas. Algo de esto nos suena hoy día, ¿verdad? Ostentaron el título de grandes maestres, duques de Florencia y de la Toscana, y sus territorios llegaron a ser los centros comerciales y culturales más importantes de toda Europa. Para que nos podamos hacer una idea de su importancia baste decir que, en el año 1300, Londres rondaba los 50.000 habitantes, París andaba por los 200.000, mientras que Florencia alcanzó los 100.000; los papas Clemente VII, León X y León XI pertenecieron a la familia, Botticelli fue uno de sus protegidos, y Galileo Galilei bautizó las cuatro lunas de Júpiter que había descubierto como "estrellas Médici", lo que supuso que fuese llamado a Florencia para ejercer como matemático de la Corte.

León X: el papa que no compró los votos. Juan de Médici (1475-1521) fue el primero de los tres papas del clan y el número 217 de la Iglesia. Hijo de Lorenzo, se consagró cardenal con solo 13 años y fue elegido pontífice a la edad de 38 en un cónclave que, a diferencia del resto, logró evitar la simonía.
La historia de esta familia, además de esplendor y gloria, estuvo salpicada de falta de escrúpulos, de conjuras, de asesinatos y enfermedades. Muchos miembros de la familia sufrieron artritis, y malaria, ya que en aquella época los mosquitos que la transmitían habitaban los terrenos pantanosos de la zona. Julio de Médici fue espectacularmente asesinado en la misa de Pascua de 1478 con un arma parecida a una espada, y no con un puñal como se creía. Otros dos miembros de la familia fueron envenenados, el duque Francisco I, y su segunda esposa, Blanca Capello. En las vasijas que contienen sus vísceras se ha encontrado arsénico, pero sigue siendo un misterio quién los mató.

Lorenzo de Médici (1449-1492): el gran mecenas. Apodado el Magnífico, dirigió Florencia durante la edad de oro del Renacimiento y se convirtió en un importante mecenas. Él fue quien logró "fichar" al gran Miguel Ángel, el genial arquitecto, escultor y pintor.
Ana María Luisa, la dama que ha sido analizada, y cuyo resultado se conocerá este año, residió en Dusseldorf al haberse casado con Juan Guillermo, príncipe del Palatinado del Rin, tras cuyo fallecimiento regresó a Florencia, donde se creía que había muerto tras haber padecido sífilis durante largo tiempo. Sin embargo su esqueleto no presenta signos de esa enfermedad, según afirman los científicos. Ellos consideran que padeció cáncer de mama, aunque es posible que falleciera por una infección. La princesa murió a los 75 años sin dejar descendencia, lo que desesperó a su padre Cosme III que intentó prolongar el poder mediante Francisco María, su hermano menor, al que propuso que renunciase como cardenal para que se casara con Eleonora Gonzaga con el fin de que tuvieran un hijo, lo que hubiera supuesto un escándalo en toda regla. Finalmente el trono pasó a manos de Francisco Esteban de Lorena. Ana María Luisa pactó con esta nueva dinastía el Patto de Famiglia, por el cual los Lorena no podían sacar de Florencia ninguna pieza que formara parte de su patrimonio artístico. Por este motivo la última de los Médici es recordada con un aprecio que no es extensivo al resto de su linaje. Y no es para menos, ya que su legado tiene un valor incalculable.

Catalina de Médici: la madre coraje y su "venganza". Catalina (1519-1589) fue excluida de los asuntos de estado por su marido, Enrique II rey de Francia, con quien se casó a los 14 años. A su muerte, se lanzó a la política como madre de un rey muy frágil de tan solo 15 años, Francisco II. Muerto éste en 1560, ella se convirtió en regente en nombre del nuevo rey , su hijo Carlos IX, que únicamente tenía 10 años. Muerto éste también en 1574, volvió a ser clave en el reinado de su tercer hijo, Enrique III.



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