Reseña del libro "¿Qué estás mirando?" de Will Gompertz

“Hay muchos libros excelentes sobre historia del arte que cubren el periodo moderno, desde el clásico de E. H. Gombrich La historia del arte hasta el ensayo de Robert Hughes El impacto de lo nuevo (tan combativo como instructivo). No pretendo competir con tales obras (tampoco podría), sino ofrecer algo distinto: un libro personal, de anécdotas e informativo, que narre cronológicamente la historia del arte moderno desde el impresionismo hasta nuestra época, ya que por razones de espacio y tiempo no resulta posible hablar de todos los artistas implicados en cada uno de los diferentes movimientos.”
Así comienza el libro ¿Qué estás mirando? 150 años de Arte Moderno en un abrir y cerrar de ojos de Will Gompertz, periodista especializado en arte que ha escrito en los diarios The Times y The Guardian a lo largo de dos décadas, y que dirigió durante 7 años la Tate Gallery de Londres, hasta llegar a desempeñar actualmente el cargo de Director de Arte de la BBC.

Will Gompertz

He llegado a este libro un poco por casualidad o por causalidad, no sabría decirlo con exactitud: estoy estudiando actualmente la asignatura Los discursos del Arte Contemporáneo en la UNED y afrontar la preparación de la asignatura me estaba costando una barbaridad, algo que nunca antes me había pasado con ninguna otra cosa que haya estudiado, y han sido muchas. El caso es que ante la imposibilidad de ligar con acierto mis conocimientos de Historia con los de Arte Moderno me puse a buscar como un loco en internet. Y di con este libro. La sinopsis, así como alguna crítica leída en la red, me animaron a hacerme con él y me he llevado una sorpresa descomunal: he estado absorbido durante dos semanas por su contenido y por la forma en la que está escrito. Es un libro que no sólo me está ayudando mucho a preparar mi examen de mayo sino que me ha ayudado a comprender un tipo de arte que nunca hasta ahora había logrado valorar en su justa medida. Y eso, en alguien como yo que tiene el Carnet de Amigo del Museo Guggenheim y lo visita regularmente, era una dolorosa y punzante asignatura pendiente. Cada vez que veía, por ejemplo, el lienzo Azul de Yves Klein, se me encendía la vena y me cabreaba. Y es que el arte conceptual es ese que tiene una facilidad increíble para convertirte en un escéptico y preguntarte sino te estarán tomando el pelo.

Fuente, Marcel Duchamp, 1917, réplica 1964.

Cuando en 1917 a Marcel Duchamp le dio por entrar en una tienda, comprar un urinario corriente, darle la vuelta, firmarlo como "R. Mutt 1917", y llamarlo Fuente, él estaba seguro de haber descubierto un nuevo tipo de escultura. Una en la que, si le quitas a un objeto su función original, si le liberas del yugo de su cometido principal y le cambias el contexto, lo conviertes en una obra de arte. A esta nueva forma de crear la llamó readymade: una escultura que ya estaba hecha de antemano. No era una obra "de" Duchamp sino una idea que "provenía de" Duchamp. A Duchamp le molestaba que una obra de arte fuera considerada como tal únicamente por el medio en de vez por la idea. Y al leer esto en el libro de Gompertz se ha abierto ante mí un mundo nuevo. Y es que no se puede considerar arte únicamente a una pintura, una escultura o una construcción: lo que realmente importa es el concepto, la idea. La fuerza de las ideas radica en que nadie puede "desinventarlas".

A partir de aquí la lectura de este libro va sola, te atrapa de una manera desenfrenada, sin sentido, como el propio surrealismo. A lo largo de sus casi 500 páginas Gompertz nos enseña, de un modo totalmente accesible a nuestro entendimiento, corrientes artísticas como el Impresionismo, el Cubismo, el Futurismo, el Dadaísmo, el Surrealismo o el Pop Art, entre muchas otras.

Impresión, sol naciente. Claude Monet, 1872.

El arte moderno no nació en el siglo XX, como pueda parecer por esto que yo he escrito, sino más bien en el XVIII con la aparición del Neoclasicismo prerevolucionario francés que ya suponía un importante salto cualitativo, pero a muchos de nosotros nos comienza a atraer, como muy bien deja entrever indirectamente Gompertz, con la irrupción en escena del Impresionismo, una corriente pictórica que nos encandila. Este cuadro de Claude Monet que puedes ver arriba supuso el pistoletazo de salida del grupo de artistas más radical, rebelde, combativo y rompedor de toda la historia del arte. A lo largo de su vida pasaron penurias, sufrieron humillaciones y fueron perseguidos a causa de su modo de entender el arte. Rompieron las reglas, se bajaron los pantalones, y le enseñaron el culo al establishment de la época antes de ponerse manos a la obra como instigadores de esa revolución que ahora llamamos arte moderno.

Ahora bien, para que en aquellos tiempos se pudiera llegar a un nuevo arte, se necesitaba a alguien capaz de combinar el virtuosismo plástico con el realismo, y ese alguien fue Édouard Manet. En 1863 pintó Almuerzo en la hierba, y lo hizo pensando que su obra cumplía con los cánones de la Academia Francesa y le permitirían exponer en el Salón de París, pero había un grave problema: los representados en la obra no eran personajes mitológicos ni históricos sino hombres reconocidos y reconocibles acompañados de una mujer en pelotas, algo indigno.

Almuerzo en la hierba. Édouard Manet, 1863

Otras tres mil obras más fueron rechazadas, lo cual puso en aprietos a Napoleón III, cuyo gobierno no era precisamente muy popular que digamos. Y debido a esto decidió ser conciliador: creó un salón alternativo al de la Academia que fue llamado Salon des Refusés (Salón de los Rechazados) y, sin ni siquiera imaginarlo, abrió la lámpara de la que escapó el genio del arte moderno. Los artistas ya disponían de un medio promovido por el Estado que se erigía en alternativa a los rígidos estándares académicos.

¿Y cómo llegamos desde aquí hasta las performances de nuestros días? ¿Cómo demonios surgió el genio de Pablo Picasso? ¿Qué había en la mente de Salvador Dalí para crear relojes blandos y pasarse del ideario socialista al nacionalsocialista? ¿Qué ocurrió para que Andy Warhol diera un nuevo sabor a las sopas Campbell? En definitiva: ¿qué motivo tengo yo para visitar el Museo Guggenheim de Bilbao y entender lo que hay allí dentro si no tengo ni idea de arte contemporáneo?

Pues todas las respuestas a estas preguntas, y muchas más que tú te puedes sacar de la chistera, son motivos más que suficientes para que leas este libro, que no es ni más ni menos que un viaje divertido y riguroso a través del Arte Contemporáneo, ese que no hay dios que lo entienda pero del que tú irás conociendo las diversas corrientes y sus autores más importantes, comentados a través de sus obras más relevantes. Ay, si supierais lo que significa cada una de estas obras que hay aquí debajo...

Dos huevos fritos y un kebab. Sarah Lucas, 1922.

Todos con los que me he acostado. Tracey Emin, 1995.

Díptico de Marilyn. Andy Warhol, 1962.


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