Dios y el mundo según Spinoza

Spinoza fue un pensador perseguido en su época por “ateo” (sus obras circularon por Europa en el siglo XVII de un modo clandestino). Este autor rechazaba por entero, por considerarla irracional, ininteligible, la tesis de que un Dios omnipotente ha creado (según su entendimiento y su voluntad) el mundo desde la nada. En este contexto puede decirse que Spinoza rechazaba que Dios fuese una “causa creadora” (y esta expresión es sinónima de “causa transitiva”).

Es cierto, afirmaba Spinoza, que de la Sustancia divina (o sea, la Naturaleza) “procede” todo (de esa Sustancia provienen los atributos y los modos), y por eso puede sostenerse que “Dios” es una “causa inmanente” (según el cristianismo, Dios, como causa transitiva o causa creadora, es una “causa trascendente” pues entre el Dios creador y el mundo creado hay un auténtico “abismo”). Esto es algo que también rechaza Spinoza: entre la Naturaleza y el mundo hay “continuidad”. Es curioso, profundizando en estas ideas, mostrar la cercanía entre lo que sostuvo este autor del siglo XVII y muchas tesis de la “cosmología” contemporánea (en la que el mundo mismo surge de una auto-organización de la materia a partir de un punto crítico jocosamente denominado big-bang): todo esto encaja muy bien con las tesis spinozistas.

Big Bang
Una precisión: para Spinoza el entendimiento o el pensamiento son un atributo divino, una propiedad de la Sustancia, pero esto no significa que Dios piense (la Naturaleza aún siendo fuente de un orden "no piensa", carece de "entendimiento" y de "voluntad"). Esta es una idea también muy interesante que hoy vemos por ejemplo en la explicación de la evolución de las especies proporcionada por la biología darwinista. Por todo ello, la “identificación entre el entendimiento humano y el divino” tiene que hacerse con cuidado (es decir, destacando que el pensamiento es un atributo de Dios a la vez que se niega que Dios piense pues quiénes propiamente piensan son los seres humanos).

Un apunte más sobre la cuestión: Spinoza niega con rotundidad el creacionismo procedente del judeocristianismo (un creacionismo que ha impregnado la filosofía medieval y parte de la filosofía moderna (incluso hoy sigue habiendo tesis de este tipo, que se emplean, por ejemplo, para intentar cuestionar el darwinismo). Según la posición que Spinoza pretende refutar, Dios, el ente supremo, el fundamento último de todo, ha creado de la nada, y por "voluntad propia", el mundo y a nosotros en él, como hijos suyos hechos a su imagen y semejanza; si esto fuese así, entre Dios y el mundo debería haber un auténtico abismo, una radical separación (arriba el Creador y abajo, radicalmente distinto de este, el conjunto de lo creado). Según Spinoza Dios no es (si la razón no está contaminada en este punto por la fe) otra cosa que la propia Naturaleza.  Esto les pareció a buena parte de sus contemporáneos una tesis atea, y hay que decir que fue perseguido por ello, sus libros fueron, hasta cierto punto, clandestinos.

¿Qué sostiene Spinoza?: que Dios, es decir, la Naturaleza, se ‘expresa’ en el ‘mundo’ (ambos términos son distintos, pero no están separados, no hay entre ellos ningún tipo de abismo, hay diferencia y continuidad). Esto, por cierto, encaja muy bien con las posiciones filosóficas y científicas del siglo XX (aunque no encajaba con las del siglo XVII). Es por este motivo que, a día de hoy, Spinoza es un autor que siendo de su tiempo es también, en parte, "contemporáneo" (hay autores de nuestros días que reivindican la valía y validez de lo que él intentó pensar).


Spinoza realizó una aguda crítica del dualismo mente/cuerpo, es decir, de lo que había propuesto Descartes (aún hoy muchísima gente cree que cada uno de nosotros somos un compuesto con dos partes netamente separadas, la mente por un lado y el cuerpo por otro, e incluso, basándose en este dualismo, que una parte muere y la otra sobrevive). Todo esto es lo que rechazó en el siglo XVII con un conjunto bien trabado de argumentos. Resumiendo: Spinoza –poniendo a la razón por delante de la fe- negó que sea filosóficamente sostenible (en contra de una buena parte de sus coetáneos) la tesis de un Dios creador del mundo y del hombre en él.

Queda un detalle. Spinoza sostuvo que la idea misma de un “Dios creador del mundo” –una idea tan familiar en nuestra cultura- no es sino una “proyección antropomórfica”. Esta tesis supone decir que no sólo no es verdad que el hombre –y el mundo en el que vive- sea un ser creado a imagen y semejanza de Dios sino que, al contrario, el “Dios creador” es una ilusión de la imaginación humana en la que se fantasea con un ser superior –omnisciente, omnipotente-, un ser supremo hecho, en el fondo, a imagen y semejanza de los seres humanos. Esta tesis –que escandalizó en su época- ha llegado a ser bastante popular: fue adoptada en las críticas de la religión que realizó en el siglo XIX Feuerbach –un precursor de Marx-, y también aparece, con matices propios, en Nietzsche y Freud.

De todos modos no se puede concluir de lo anterior que Spinoza rechazase sin más cualquier religión, de hecho, su "divinización" de la Naturaleza parece compatible con ciertas formas de panteísmo, según el cual lo divino está a su manera distribuido y difundido ‘por todas partes’. Dicho de otro modo: el racionalismo de Spinoza no rechaza sin más la religiosidad, a pesar de que sí discute la "racionalidad" de las religiones con un fuerte núcleo "antropomórfico" (las tres principales religiones monoteístas, en su opinión).


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