Reseña de "Hombres buenos" de Arturo Pérez Reverte

No estoy muy de acuerdo con las críticas literarias que he leído hasta ahora sobre esta obra de Arturo Pérez Reverte, catalogada como novela histórica por la gran mayoría, y es que considero que está muy lejos de ser calificada como tal. Para mí, Hombres buenos es un ensayo político que se apoya en una trama novelística intrascendente e inconsistente, y es que, al contrario que en el resto de sus obras, lo de menos es la "acción", lo más importante es el trasfondo, el mensaje, y si no, no tienen más que leer este párrafo:

"Y en aquel tiempo, divergencias que más tarde se revelarían terribles para nuestra historia, se perfilaban ya con cierta nitidez: un grupo animado de confianza, de generoso ardor, con fe en el progreso y en la educación, convencido de que para hacer a los pueblos felices era preciso ilustrarlos... Otro, petrificado en su ignorancia deliberada, en su indiferencia hacia la modernidad y las luces, instalado en el odio a lo nuevo. Y, por supuesto, todos los indecisos y oportunistas que, según las circunstancias, se agrupaban en torno a la gente honesta de uno y otro lado... Ya se tejían, tanto dentro de la Academia como fuera, los hilos de la cuerda con que los españoles nos estrangularíamos unos a otros durante los dos siglos siguientes."

Es evidente que el autor nos plantea aquí la génesis de las dos Españas enfrentadas primero en la guerra y luego en las urnas, por eso carece de sentido hablar de novela histórica en su habitual acepción, sino que más bien estamos ante una reflexión con perspectiva histórica de cómo hemos llegado hasta el estado actual de retraso dialéctico y democrático en comparación con otros países.

Para explicarnos esto, Pérez Reverte se vale de una aventura en la que dos hombres buenos de la RAE, Hermógenes Molina, ilustrado pero católico irredento, y Pedro Zárate, marino ateo, hombre de honor y muy leído (obviamente estamos ante el propio autor representado en su figura), se aventuran en la búsqueda y adquisición de un ejemplar de la primera edición de la Encyclopédie, ou dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers / par une societé de gens de lettres, mis en ordre et publié par M. Diderot … et quant a la Partie Mathématique, par M. D’Alembert. El rol que desempeña la Encyclopédie en este libro, más que didáctico es mitológico, todos los problemas y avatares a los que se enfrentan nuestros dos modestos héroes académicos merecen la pena con tal de hacerse con el conocimiento, la ciencia y el progreso intelectual que suponen la obra cumbre del Siglo de las Luces.

La Encyclopédie
Esos problemas y avatares vienen personificados en la figura de Manuel Higueruela y Justo Sánchez Terrón, que representan tanto la radicalidad católica típica de la derecha (Higueruela) como la supuesta superioridad intelectual típica de la izquierda (Sánchez Terrón). Ambos, cuyo pensamiento e ideales son completamente opuestos, son capaces de ponerse de acuerdo para evitar que la misión encargada por la RAE llegue a buen puerto: estamos así ante el famoso dicho "los extremos se tocan", hecho realidad. Eso sí, con la Real Academia Española en medio, independiente y afanada en su proverbial histórico buen hacer, cuya labor está continuamente puesta en entredicho por quienes ven en la homogeneización un enemigo común al que hay que combatir.

"La Academia siempre mantuvo una independencia real respecto al poder, y eso que le tocó vivir varios tiempos difíciles. Acuérdate de Fernando VII, o de los intentos del dictador Primo de Rivera por controlarla... O de cuando, tras la guerra civil, Franco ordenó cubrir las plazas de académicos republicanos que estaban en el exilio, la Academia se negó a ello, y los siglos se mantuvieron sin ocupar hasta que los propietarios exiliados murieron o regresaron a España."

Quienes esperen leer una novela al uso de Pérez Reverte tienen en esta obra un problema: en Hombres buenos el macho ibérico patriótico, guerrero, conquistador de tierras y coños a base de mandobles, hostias y cumplidos, no aparece. Asoma un poco, pero no aparece. Este es un libro en el que Pérez Reverte nos invita a pensar, cosa bastante infrecuente en este país enquistado, y más centrado en las misas, toros y fútbol que en la Filosofía, la Ciencia y la Razón. Por eso da igual que seamos Monarquía o República, mientras prefiramos Tele 5 a la lectura, estamos jodidos, condenados a no entendernos.

"No es sólo la Iglesia, señala tras un momento. Ella, añade, aporta un instrumento más al sistema perverso que gobierna a ciertos pueblos. Y no se trata de que la monarquía sea nefasta o no, pues ahí están los ingleses como ejemplo de que todo es compatible, sino de cómo en España se entiende la paz ciudadana."

He disfrutado leyendo este libro, pero este disfrute personal proviene de las partes del libro que dedica su autor a narrar cómo ha ido construyendo la trama, de las conversaciones largas de sus protagonistas -para algunos tediosas- que nos transmiten un trasfondo histórico de mucho calado. Para enfocar bien la lectura de este libro y disfrutarlo, se requiere un cierto conocimiento de lo trascendido en la época de la Ilustración, mal asunto para aquellos perezosos en la tarea del pensar que se verán obligados a hacer un esfuerzo extra para buscar información y entender el contexto. Por otro lado Hombres buenos tiene una cara muy divertida, la de encontrar y averiguar cuáles de la enorme cantidad de obras literarias que se mencionan son de verdad y cuáles son fruto de la imaginación de Pérez Reverte, tarea que lleva su tiempo y que nos muestra el trabajo de documentación que conlleva la escritura de un libro.


Por último, creo oportuno mencionar que existe un debate histórico aun abierto sobre el origen de la Revolución Francesa. Los primeros conflictos no fueron espontáneos sino que provinieron de intrigas políticas premeditadas. El grupo más relevante lo dirigía Luis Felipe II de Orleans, guillotinado más tarde, y estaba compuesto, entre otros, por el conde de Mirabeau, posterior presidente de la Asamblea Nacional, el abate Sieyès, uno de los tres primeros cónsules de Napoleón, y Choderlos de Laclos, militar y conocido autor de la famosa obra Las amistades peligrosas y que aparece en el libro. Digo esto porque quizá convenga no idealizar demasiado la Revolución Francesa, algo que puede ocurrir perfectamente después de la lectura de este libro.

Entradas populares de este blog

La Estética Trascendental en Kant

Historia y progreso según Kant

Filosofía y religión en Schopenhauer