Caillebotte: pintor y jardinero

En repetidas ocasiones he comentado mi gusto y admiración por la pintura impresionista, así que este mes de agosto me he acercado a ver el Museo Thyssen, que hasta ahora no había visitado y tenía unas ganas enormes de verlo con calma, y he podido disfrutar con las 64 obras de Gustave Caillebotte (1848-1894), procedentes de colecciones privadas y museos internacionales, que están expuestas allí hasta el 30 de octubre. Caillebotte perteneció a esa generación de parisinos de finales del XIX que estaba ebria de optimismo ante la vida urbana moderna, y debe su celebridad sobre todo a su visión de los nuevos barrios de París trazados por el barón Haussmann, aunque su vida y su obra se reparten entre la ciudad y el campo.

Autorretrato en el caballete (1878-1879)
Entre 1881 y 1882, Caillebotte pintó el primer cuadro donde la materia se exhibe geométricamente, alejada ya del sabio desorden de los sentidos que puebla los bodegones. Las naranjas y manzanas en el puesto de un frutero aparecen como una mercancía abstracta, como si se tratara de cadáveres en sus ataúdes.

Fruta en un escaparate (1881-1882)
Antes de ingresar en la École des Beaux-Arts, Caillebotte frecuenta el estudio del retratista Léon Bonnat y viaja a Italia en 1872. Tras una serie de dibujos y bocetos al óleo, sus primeras composiciones, como Pintores en un edificio (1877) o Los acuchilladores (1875), revelan una sólida formación artística. Pero su decisión de representar el mundo obrero sin acentuar sus miserias le sitúa ya entre los partidarios de la Nueva Pintura que se dedican a plasmar la vida moderna.

Remero con sombrero de copa (detalle, 1878)
El pintor es testigo de las transformaciones de París durante el Segundo Imperio. Aún no tiene 20 años cuando su familia se instala en la Rue de Miromesnil, entre la Ópera y la Place de Étoile, en el distrito en el que se levantan los edificios más elegante del París del barón Haussmann. En sus obras juveniles figuran la ciudad nueva y sus habitantes, una sociedad en plena evolución en la que los obreros con sus blusones se cruzan con miembros de la alta burguesía con sus sombreros de copa. En 1875 Caillebotte empieza a coleccionar cuadros de los impresionistas y a organizar exposiciones. Sin embargo, a diferencia de sus amigos, cuando pinta París no le interesan los muelles del Sena ni el bullicio de los grandes bulevares. Describe una ciudad nueva y pulida que suele representar desde un punto de vista elevado. Dominan en estas obras los tonos grises, y sólo las hojas de los árboles ponen en ellas una nota de color. Un vistazo rápido a Calle de París, tiempo lluvioso provoca una sonrisa de complicidad con Haussmann. La imagen está enmarcada a la derecha por un edificio comercial y a la izquierda por una carretera que desaparece en la distancia como punto de fuga. Aparecen tres personajes principales que reaccionan a las posiciones corporales de los demás, y el autor se sirve de un poste de la luz para aislar a los personajes del resto de la obra.

Calle de París, tiempo lluvioso (1877).
En 1860 el padre del artista compra una finca en Yerres, al sudeste de París. El joven Gustave descubre la naturaleza en el parque de estilo inglés que rodea la casa, jardín privado que se ha conservado hasta hoy con su fisionomía original. En esos veranos realiza en el campo sus primeros dibujos al aire libre, para luego centrarse en motivos del jardín y el huerto, que responden mejor a su gusto por las perspectivas marcadas y la naturaleza bien ordenada. En 1876 empieza a pintar lienzos más ambiciosos que son como una versión rústica de sus escenas de la vida urbana contemporánea. El río Yerres es escenario de deportes náuticos que están de moda en esos años finales de siglo. Las obras que allí pinta se distinguen por una composición muy original, al igual que sus vistas de París, y también por una paleta de vivos colores.

En 1879 Caillebotte participa en la cuarta exposición impresionista, sobre todo, con cuadros inspirados en Yerres. Los críticos le vapulean. Además de condenar los tonos neutros de sus obras de temática urbana, les parece que pinta con un exceso de azules: "Todo es azul en él. Asusta pensar lo que puede gastarse en azul cobalto, en azul ultramar y en añil", se burla Louis Leroy en Le Charivari.

Piraguas en el río Yerres (detalle, 1877)
En 1879 los hermanos Caillebotte, Gustave y Martial, venden la finca de Yerres y compran un terreno en Petit Gennevilliers, enfrente de Argenteuil, donde se construyen una casa y plantan algunas flores. Están al lado del Círculo de Vela de París, y se apasionan por la navegación. Gustave diseña veleros que son perfectos para la competición, y con los que vence en todas las regatas en las que participa. Como hizo antes Monet, pinta las embarcaciones del Sena y el puente de Argenteuil. También pinta los campos de la llanura de Gennevilliers, y la ropa blanca que se tiende en los lavaderos y chasquea con el viento. Alterna entonces estudios muy aéreos, de tipo impresionista, con encuadres más construidos en los que, como es su costumbre, adopta un punto de vista elevado.

Durante el verano se traslada a la costa de Normandía, donde pinta marinas o paisajes puros con una técnica suelta y fluida que es claramente impresionista. Ve a menudo a Monet, quien en 1881 cambia Vétheuil por Poissy, y después, en 1883, se establece en Giverny.

El Sena y el puente del ferrocarril de Argenteuil (1885)
Cuando en 1887 se casa su hermano Martial, Gustave le compra su parte de la finca que habían adquirido juntos y le dice a Monet en una carta: "Ya no tengo más domicilio que el de Petit Gennevilliers". A partir de entonces va comprando las parcelas contiguas hasta multiplicar por cuatro la extensión de su propiedad. Allí construye un gran estudio y un invernadero, y hace que le lleven en gabarras por el río, "la tierra fértil que no le podía ofrecer el suelo de aquel árido rincón de las afueras". Instala también una bomba de agua y un sistema de riego automático, y rebordean por entero el jardín, al que se dedica con mucha energía. En su correspondencia con Monet y con el escritor Octave Mirbeau habla sobre todo de horticultura, y desde entonces sus cuadros se inspiran casi exclusivamente en el jardín y en las flores que cultiva en el invernadero rebosante de orquídeas. Para decorar el comedor de la casa pinta unos paneles en las puertas con los que le da el aspecto de un invernadero rebosante de orquídeas. Para completar ese efecto de naturaleza exuberante, añade otros paneles decorativos en los que las capuchinas invaden con libertad el espacio. El conjunto se va a completar con un gran lienzo que es como un tapiz de margaritas, pero Caillebotte muere prematuramente a los 45 años de edad, y el proyecto queda inacabado. La finca desaparecerá definitivamente durante los bombardeos de 1944. Mientras tanto, esa idea de unas pinturas de gran formato que sustituyen a los muros y que sumergen al espectador en un desbordante mundo vegetal, será realizada por Monet en las grandes obras que hoy se exponen en la Orangerie.

Los girasoles, jardín de Petit Gennevilliers (1885)

Esta entrada ha sido escrita con la información contenida en el folleto que el Museo Thyssen facilita a la entrada, así como con mis propias aportaciones y opiniones personales. En esta dirección accedes directamente al microsite dedicado a la exposición, y te animo a que la visites porque es una auténtica maravilla, al igual que toda la colección que alberga el museo.

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