Reseña de "La Ruta de la Seda", de Thomas O. Höllmann

"No se ve un solo pájaro en el aire, ni animal alguno sobre la tierra. Cuando agotado dirige uno la vista en todas direcciones para hallar una ruta que lo atraviese, se busca en vano; los únicos indicadores del camino son los huesos calcinados de los muertos"
Pese a lo que nos sugiere este párrafo introductorio de "La Ruta de la Seda", Thomas O. Höllmann nos escribe desde la comodidad que le proporcionan su hogar y su mesa de trabajo, a salvo de tormentas de arena y olas de frío, pero se convierte en protagonista de una hazaña: la de resumir en poco más de 100 páginas la historia de más de dos milenios de la que fue en el pasado la red comercial más extensa de la Tierra.

La Ruta de la Seda. Thomas O. Höllmann

El origen de la Ruta de la Seda puede fecharse sólo en parte. Es seguro, en todo caso, que su existencia no es debida a una planificación concreta en el espacio y en el tiempo, sino al paulatino enlace de caminos de una red ya existente. Por ello, cada tramo no se puede remontar a una misma época de la Historia, y a menudo sus inicios solo se pueden reconstruir con la evidencia de datos arqueológicos. Cabe decir que, con independencia de la organización política según las épocas, de las concentraciones de poder militar y de las divisiones culturales, la vía más importante de la Ruta de la Seda puede dividirse en varios sectores sucesivos, definidos con ayuda de criterios geográficos: el valle del Wei, el corredor del Hexe, el Gobi y el Takla Makan, las montañas que concurren en el nudo de Pamir, la depresión turbina, el altiplano iranio, Mesopotamia, y el desierto sirio con accesos al mar Mediterráneo. Pero además también pueden conectarse con esta gigantesca red comercial otras rutas en las que se ha impuesto la denominación de las distintas mercancías que por ellas transcurrían: la Ruta de la Piel, que parte de Siberia hacia el sur, la Ruta del Incienso, que tiene su origen en el sur de Arabia, y la Ruta del Ámbar, que se inicia en el Báltico.

Fuente: Wikipedia.
Höllmann nos evoca en su libro los paisajes y las rutas, las múltiples lenguas e identidades que la constituían, la diversidad de viajeros y aventureros que la recorrían, el comercio y los tributos, las diversas creencias religiosas que se expandieron a lo largo de ella, y el arte y el conocimiento que de ella surgieron. Gracias a este libro podemos sorprendernos al ver que la mayor parte de emisarios de la cristiandad fueron miembros del clero, concretamente de la orden franciscana; que tras la Primera Guerra Mundial, un historiador del arte americano llamado Langdon Warner partió en 1924 en un "viaje de colecta", y no se hizo famoso por obtener grandes logros, sino por ser el principal inspirador del aventurero cinematográfico Indiana Jones; que la lista de artículos que circulaban por ella era enorme: alcanfor, incienso, mirra, algodón, agua de rosas, cardamomo, pimienta, aloe, coral, cristal, ópalo, perlas, marfil, cera de abeja, caparazones de tortuga...; que entre las muchas lenguas que hacen referencia a la existencia de esta ruta se encuentran el sogdiano, el parto, el persa medio y el moderno, el sánscrito, el griego, el sirio, el hebreo, el turco antiguo, el mongol o el chino, por mencionar solo una pequeña muestra. De hecho, había muchos políglotas de profesión en las diversas regiones desempeñando la función de intérpretes, un oficio muy peligroso: cuando los resultados de los acuerdos no satisfacían a los señores, éstos ordenaban su ejecución haciéndoles responsables del fracaso.

Muralla de Xi'an (antigua Chang'an)
Höllmann nos explica que, mientras que las religiones y sus formas de expresión artística se propagaron de Occidente a Oriente, en el ámbito de la ciencia y la tecnología la dirección dominante fue la contraria. Muchos inventos que son atribuidos a la creatividad europea tuvieron su origen real en China. El arte de la guerra, la náutica y la imprenta, son algunas de las aportaciones que llegaron a Occidente gracias al know-how que fluyó por la ruta.

Vista aérea de Palmira
El libro, publicado en 2008, y cuya lectura es una verdadera delicia, nos trae finalmente a la dura realidad: las antiguas vías de la Ruta de la Seda se utilizan actualmente para el tráfico de armas y de drogas. En algunos tramos se parece más a una senda de contrabandistas. No es la primera vez en la historia que esto ocurre ¿verdad?

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