El legado fotográfico de Kodak

"Llévese una Brownie", rezaba el texto del anuncio en 1900, y así lo hicieron el año de su presentación 150.000 personas. En 1907 ya se habían vendido un millón de unidades. Esta cámara de fácil manejo, llamada Brownie en referencia a los personajes de una serie de libros infantiles del siglo XIX, fue idea de George Eastman, fundador de Eastman Kodak Company. Inicialmente costaba un dólar, un precio que puso la fotografía al alcance de todos, entre ellos Ansel Adams, cuya primera cámara, una Brownie, fue un regalo de sus padres en un viaje que la familia hizo a Yosemite.

Imagen vía The Brownie Camera Page Website
 Hasta que dejó de fabricarse en 1970, la Brownie fue la cámara de los recuerdos, la máquina que inmortalizaba graduaciones escolares, cumpleaños, bodas, disfraces infantiles e infinitos momentos entrañables. Antes de que apareciese, la fotografía era una actividad prohibitiva y elitista reservada a unos pocos, la Brownie lo cambió todo. "Kodak no vendía una simple cámara de fotos, sino más bien todo un estilo de vida", afirma Todd Gustavson, conservador del museo George Eastman House en Rochester, Estados Unidos.

Sacar la Brownie era dar a un acontecimiento el estatus de ocasión especial. A través de su visor aprendimos cómo y qué recordar. 114 años después, gracias a los smartphones que poseemos, que en gran medida se deben a la aparición en su día de otro aparato revolucionario como el iPhone, podemos hacer fotografías a mansalva, de hecho en esta época se están inmortalizando más momentos que nunca en la Historia. Perdurar con el paso del tiempo ya es posible y asequible para todo el mundo, no solo para los ricos o poderosos.


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