El gran Zimbabue

En 1872 el geólogo alemán Karl Mauch regresó de una expedición del sur de África con la noticia de que había descubierto una tierra mítica, mencionada en los cuentos folclóricos de los exploradores portugueses como Ophir, el origen de las riquezas fabulosas del rey Salomón. El interés por la existencia de dicha tierra lo había despertado un compatriota de Mauch, el reverendo A. Merensky, misionero en África, y la idea romántica de que una civilización desconocida existiera en el corazón del continente sirvió de inspiración a algunos historiadores occidentales. Es más, Mauch confesó haber encontrado las ruinas de una ciudad perdida supuestamente construida por la mismísima reina de Saba; dicha ciudad era el Gran Zimbabue.

Durante los siglos XII y XIII d.C., los gobernantes del Gran Zimbabue amasaron fortunas enormes

Entre aquellos que se unieron a Mauch se encontraba el sudafricano nacido en las Islas Británicas, Cecil Rhodes, financiero y político; un hombre cuyas minas de diamantes y de oro impulsaban la ambición territorial británica en la región. La empresa British South Africa de Rhodes estaba situada en la zona de las investigaciones de Mauch y la superstición de que una gran civilización del norte había impulsado una vez la cultura nativa local encajaba con la opinión de Rhodes de que África necesitaba el apoyo de unos colonizadores superiores. Rhodes financió investigaciones arqueológicas detalladas de la zona, pero no fue hasta 1929, 27 años después de su muerte, cuando la verdad apareció. El Gran Zimbabue había sido construido por africanos en el país al que más tarde daría su nombre (Zimbabue).

Zimbabue es un término empleado para describir el palacio de justicia de la realeza o de un mediador espiritual. Hay más de 150 a lo largo de las llanuras centrales de Zimbabue, pero el Gran Zimbabue es con mucho el más impresionante. Se construyó empleando bloques de granito trabajados habilidosamente, sin argamasa, y se eleva en parte de una colina de granito y en parte sobre el valle junto a esta. Uno de los recintos de muros elevados de la colina estaba ocupado por una reducida élite de gobernantes, el resto era una área residencial más común. En el valle había un edificio reservado para las esposas reales, los graneros (símbolos del poder y la riqueza del rey) y el Gran Recinto, una estructura compleja cuyo uso aún no se comprende del todo. Alrededor de estas construcciones se hallaban repartidos los hogares de barro y paja de más de 10.000 plebeyos.

La torre cónica del Gran Zimbabue, construida con bloques de granito tallados. Fuente: El Periódico.

Materiales locales muy lucrativos

El Gran Zimbabue fue construido en el siglo XII d.C. y prosperó durante aproximadamente 300 años. Era la capital del impresionante imperio shona, que se extendía desde las orillas del río Zambeze hasta la frontera de la Northern Province de Sudáfrica y el este de Botswana. Durante ese período de tiempo, los reyes shona amasaron grandes fortunas gracias al control que ejercían sobre las exportaciones de oro y marfil a mercado árabes que habían establecido un puesto comercial en la costa este africana, y sobre las importaciones de abalorios de vidrio y cerámica china. El Gran Zimbabue se encontraba bien situado para explotar recursos naturales como estaño, hierro, cobre y sal; además, en los primeros años, abundaban el ganado, los cereales y la madera. Con todo esto, la población en crecimiento debió de pasar factura a la capacidad de autoabastecimiento de la ciudad. En 1450 ya había sido abandonada y la capital había pasado a ser Khami, en el oeste.
La tradición de la construcción de zimbabues parece haberse extendido a lo largo de gran parte del centro sur de África. Uno de los mejores ejemplos se halla en Mapungubwe, o "Colina de los Chacales", en la provincia del norte de Sudáfrica, cerca de la frontera con Botswana. Mapungubwe es una fortificación natural espléndida con una sola ruta de llegada y salida. Fue también capital del imperio shona con contactos comerciales especialmente lucrativos. Pruebas de esto se encuentran en las hermosas piezas de oro recuperadas de las tumbas; una de las más impresionantes es la de un rinoceronte, y hay también piezas de madera tallada cubiertas de láminas de oro sujetas con tachuelas de oro. La riqueza de estas ciudades contrasta con las comunidades más igualitarias de otros lugares del sur de África en la Edad del Hierro.

Hogar de una élite gobernante, el Gran Zimbabue fue una estructura compleja del imperio Shona que perduró 300 años.

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