Un mundo de escarabajos


Pueden ser fosforescentes o irisados, lucir apéndices futuristas o caparazones de aspecto antediluviano. Presentes en todos los ecosistemas, en la Península Ibérica existen hoy más de 12.600 especies de coleópteros descritas. Pero la lista no deja de crecer… Los coleópteros, conocidos vulgarmente como escarabajos, constituyen el orden de insectos más diverso, con unas 375.000 especies descritas hasta el momento, una cifra que, sin embargo, se estima es muy inferior al número real. Y es que cada año se descubre un sinfín de nuevos coleópteros en todo el mundo, también en la Península Ibérica, donde por ahora ya hay contabilizadas alrededor de 12.600 especies, clasificadas en 119 familias.


«Las cifras referentes a la biodiversidad en nuestro país varían constantemente –explica el entomólogo José Ignacio López Colón, que participó en el inventario de fauna ibérica que realizó el Museo Nacional de Ciencias Naturales del CSIC–. Por un lado se catalogan nuevas especies, alcanzando unas cifras que en lo que se refiere a invertebrados hace décadas que no bajan de 200 al año. También se descubren otras que, sin ser nuevas, todavía no se habían censado en nuestros territorios. Y no hay que olvidar la aclimatación de especies foráneas recientemente introducidas, que constituyen una auténtica plaga para nuestros ecosistemas».


La mayoría de los coleópteros (término que procede de los vocablos griegos que significa «caja» o «estuche», y «ala») presenta un primer par de alas endurecidas que actúan como escudo protector del otro par de alas, las que utilizan para volar, y del abdomen. Como todos los insectos, tienen tres pares de patas. Y realizan la metamorfosis, pasando por las fases de huevo, larva, pupa e imago. Distribuidos por todos los ecosistemas terrestres y aguas continentales, son seres muy resistentes y adaptables. «Su papel ecológico en la naturaleza es fundamental, tanto por su peso en la cadena trófica, en la que ejercen de consumidores primarios, depredadores y presas, como por su función como polinizadores y descomponedores», añade López Colón. Sin duda, nos queda mucho que aprender de ellos. Los entomólogos tienen trabajo para rato: ahí fuera hay todo un mundo de escarabajos por descubrir.



Vía: National Geographic.

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