Reseña de "Hijos del Nilo", de Xavier Aldekoa

"Cuando nos empeñamos en desdeñar el pasado, la Historia guarda bajo la manga una hostia a mano abierta".
Esta es una de las numerosas frases jugosas que Xavier Aldekoa nos regala en su segundo libro titulado "Hijos del Nilo", uno de los más recomendados por las editoriales para este verano. Esta generalizada recomendación debe estar basada, supongo, en la facilidad con la que se lee, porque su contenido tiene más valor que el de una simple lectura para pasar el tiempo en la playa.

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Xavier ha cambiado su forma de escribir con respecto a su primer libro, "Océano África", del cual escribí aquí una pequeña reseña, y también ha cambiado el planteamiento de su contenido. En esta ocasión no nos narra pequeñas historias de experiencias vividas en diferentes países sino que, la navegación en faluca por los diferentes países por los que pasa el río más atractivo de la Historia (un viaje que despierta mi sana envidia), le sirve de pretexto para hacer una pequeña introducción de la situación en cada país, para lo cual echa mano de la historia social y política en cada caso.

En Uganda nos habla de una maravillosa mujer llamada Grace, nos recuerda lo que hizo Idi Amin, y nos descubre a Moses Rubangangeyo, un hombre secuestrado ocho años por el LRA que acabó convertido en un general de confianza de Joseph Kony. En Sudán del Sur nos cuenta quiénes son las nadie, logrando que un estremecimiento recorra nuestro cuerpo, y más adelante nos explica por qué algunos países tienen los nombres que tienen. En Etiopía se introduce en la vida de Pedro Páez, un misionero jesuita cuya historia permanece en el olvido colectivo. En Sudán entramos ya en contacto con el Antiguo Egipto, no en vano allí se encuentran las fascinantes pirámides de Meroe del Reino de Kush.

Pirámides nubias de Meroe.

Finalmente, al llegar a Egipto visita Abu Simbel y tiene ocasión de disfrutar de los conocimientos de astronomía de época faraónica. Sin embargo, Gamal Abdel Nasser, el hombre que hizo posible que toda la humanidad pueda seguir admirando la obra de Ramsés II, no sale muy bien parado de la visión de Xavier, y es aquí donde se aprecia el cambio sustancial con respecto a su primer libro.

Para escribir este libro su autor se ha documentado más y se apoyado más en personas conocedoras de la historia de cada país. Gracias a ello nos esboza en cada caso cómo se han ido perfilando las diferentes dictaduras en cada uno de los cinco países que recorre, porque en África, todos los gobiernos son dictaduras, un pequeño detalle que a menudo se pasa por alto sobre todo ahora que solo existe Venezuela.

"Lo peor de lo que ocurre es la indiferencia. Ese mensaje brutal que enviamos a las víctimas de que sus muertes y violaciones quedarán impunes porque no importan a nadie. Ese olvido es más doloroso que cualquier herida, porque jamás cicatriza, es para siempre.

Sin embargo, en alguna ocasión a Xavier le traiciona el subconsciente y escribe más pensando en lo que le hubiera gustado que ocurriera que en lo que realmente ocurrió, algo que se trasluce en este párrafo: "Mientras en Occidente las calles se llenaban de protestas contra las dictaduras europeas o latinoamericanas de Franco, Pinochet, Videla o Salazar y el mundo se estremecía ante sus asesinatos y torturas, Idi Amin era retratado como un lejano y extravagante líder africano". Desgraciadamente en Occidente las dictaduras ibéricas fueron permitidas como medio de contención al comunismo supuestamente contagioso y no hubo tales manifestaciones de indignación, mientras que las dictaduras latinoamericanas, promovidas y financiadas por países occidentales, no eran exactamente coetáneas de las ibéricas y pervivieron hasta años más tarde.


Tanto en este libro como en el anterior nos queda claro que Xavier Aldekoa es eso que llamamos "buena gente". Se deja la piel en todo lo que escribe. Llora por África. Se indigna ante las injusticias que ve pero, al mismo tiempo, es capaz de continuar adelante quizá como gesto solidario porque él ejerce una generosidad transparente: te ayudo porque es normal ayudarse. Es algo que también ha aprendido de África y, en un momento del libro, se desnuda:

"Siempre he admirado a las personas que rigen sus vidas por una causa y reivindican con sus actos una vocación. Que demandan con su día a día la necesidad de querer ser maestro de algo, ya sea periodista, ingeniero o crupier, lo que sea, y ponen todo su empeño en conseguirlo. Me emociona el poder de esa vocación que empuja a querer ser necesario para los demás, a tener algo que ofrecer y encontrar un lugar propio en el mundo".

Xavier, sin saberlo, es un poco como el Nilo, que se ubica en un lugar perfecto en el mundo y a su paso ofrece todo lo que tiene, alimentando durante miles de años a una ingente cantidad de seres humanos. Porque el Nilo no es un río, el Nilo es vida.

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