La energía en el punto de mira

El International Energy Outlook 2016, un informe que publica cada año la Administración de Información Energética de Estados Unidos, predijo que el consumo de energía en el mundo se incrementará un 48% entre 2012 y 2040. Los sectores que más energía demandan son la industria, el transporte, la construcción, los servicios y la agricultura. Aunque el uso de combustibles no fósiles aumentará más que el de los fósiles (petróleo, gas natural y carbón), estos últimos representarán más que de tres cuartas partes del consumo mundial. Los efectos medioambientales de este modelo energético son la causa del cambio climático que afecta a todo el planeta y también generan, entre otras muchas cosas, episodios de contaminación extrema. En este mundo superpoblado, encontrar una manera sostenible de progresar requiere, indefectiblemente, un replanteamiento de nuestro uso de la energía.

Costes económicos del cambio climático.

Si hoy ya afrontamos profundas secuelas ambientales derivadas del uso de combustibles fósiles, ¿qué escenario nos espera cuando, en un futuro próximo, seamos 10.000 millones de habitantes en la Tierra? El cambio climático detonado por las emisiones descontroladas de dióxido de carbono es la causa de las olas de calor, las sequías, las inundaciones y la exacerbación de los modelos climáticos que se da en muchos lugares del planeta. A la vez, la población no para de aumentar y se generan nuevas demandas energéticas. Abastecer a la población mundial requiere combinar la necesaria reducción del dispendio energético con el aumento decidido de energías renovables y limpias.

El modelo energético actual es la causa de que países como China sufran repetidos episodios de contaminación ambiental extrema debido a las emisiones del tráfico urbano y de la industria, y al uso del carbón, su principal fuente de energía. Recientemente han alcanzado picos jamás registrados, episodios que la gente llama airpocalypse. La OMS establece que una exposición a un nivel de PM₂,₅ (partículas en suspensión de menos de 2,5 micras) mayor de 25 μg/m³ de media en 24 horas es perjudicial para la salud, y estima que la contaminación causará unas 900.000 muertes de aquí a 2030 solo en China. En Beijing los límites han excedido la capacidad de los marcadores: 500 PM₂,₅.

Por todos es sabido que los combustibles fósiles son finitos, antes o después se agotarán. Desde hace años se habla de que nos hallamos en el cenit del petróleo, lo que significa que ya se ha traspasado la tasa máxima de extracción, por lo que la producción será cada vez menor y más cara. Algunos autores señalan que el cenit del gas está al caer y, algo más tarde, a mediados de este siglo, se alcanzará el cenit del carbón. Tampoco el uranio, del que dependen las centrales nucleares, durará para siempre: se prevé que también dentro de este siglo XXI alcance su cenit. Es por tanto una evidencia que el motor del mundo, queramos o no, va a tener que cambiar de combustible. Cuando antes, mejor.

Consecuencias del cambio climático.

Aunque el crecimiento de las renovables aumentará una media anual de 2,6%, muchas voces afirman que solo con estas no se sostiene el descomunal consumo energético del mundo. ¿Estamos dispuestos a reducirlo? Mientras experimentos científicos como el ITER buscan producir a gran escala y mediante la fusión nuclear una energía segura, apenas contaminante e ilimitada, parece que por ahora, además de apostar al máximo por las energías verdes, deberemos echar mano de las otras fuentes energéticas disponibles. A la espera de un respaldo internacional que implemente una transición energética que, como ya sabemos, se contrapone a voraces intereses económicos.


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