El legado de Eliza Scidmore

Eliza Scidmore se crió en Wisconsin donde creció estudiando mapas y soñando con tierras lejanas. "Ya debí de nacer con hambre de viajar", declaró en una entrevista. Hoy, 150 años después, se la recuerda como la primera redactora, fotógrafa y consejera de la Geographic, además de una figura crucial en el cambio de la revista de una publicación densa y académica a una colorida revista para el gran público.

Una de las pocas fotografías que se conservan de Eliza Scidmore.

En 1876, el National Republican envió a Scidmore, que entonces tenía apenas 19 años, a cubrir la Exposición Universal de Filadelfia, un encargo que la convirtió en una de las primeras corresponsales del país. No tardó en granjearse éxitos escribiendo sobre política y sociedad en Washington D.C. Cuando en 1890 se integró en la Sociedad, fundada dos años antes, Scidmore era una reconocida exploradora. Había impresionado a los aventureros de su época con historias de su viaje en correo de vapor hacia la entonces inexplorada Alaska, y cautivado al público con artículos escritos desde Japón, recién abierto a los occidentales. Dos años después de entrar en la Sociedad, su Consejo -íntegramente masculino- la nombró secretaria de correspondencia.

Un bebé se arrastra fuera de su cama temprano en la mañana. Aunque los niños japoneses no tenían las cunas y los sonajeros de plata de los bebés americanos, Scidmore escribió, "él es la imagen de la alegría y la paciencia."

Cuando Gardiner Greene Hubbard, presidente de National Geographic Society, solicitó su opinión sobre el magazine, Scidmore respondió que no le vendría mal "un remozamiento". Esa reinvención llegó en forma de imágenes. La primera de ellas había aparecido en 1890, pero no se hicieron habituales hasta el año 1905, cuando un reportaje de 11 páginas sobre Lhasa ayudó a aumentar el número de suscriptores de 3.000 a 20.000 en apenas dos años.

En 1909 Scidmore instó al director Gilbert H. Grosvenor a imprimir a todo color sus fotografías de templos chinos, aduciendo que aquel nuevo formato era "el futuro". Al año siguiente le envió desde Japón una remesa de fotografías animándolo a "cubrirse de gloria con otro número a todo color y atraer con él a unos cuantos miles de nuevos suscriptores más". La serie de 11 imágenes se publicó en 1914 y Scidmore cobró por ella 450 dólares (casi 9.000 euros al cambio actual), el monto más elevado que jamás había abonado la revista.

Dos muchachos practicando kendo, arte japonés de lucha con espada.

Scidmore siguió remitiendo material en sus posteriores viajes por Asia. En 1916, creyendo por error que había sido dada de baja en la Sociedad, escribió a Grosvenor exigiendo que se la readmitiese. Para entonces National Geograpchic contaba ya con 500.000 socios. Grosvenor respondió que "no sería precisamente lo más sensato del mundo que el nombre de usted dejase de figurar en la lista de honor".

Acabada la Primera Guerra Mundial, Sicdmore se trasladó a Ginebra para informar sobre la recién instituida Sociedad de Naciones. Su casa, repleta de souvenirs de toda una vida, se convirtió en centro de tertulia de diplomáticos. A los 71 años fue hospitalizada por una apendicitis. "Un asunto lento y fastidioso que, como imaginarán, ha desbaratado todos mis planes", escribió en una carta. Murió semanas después y fue enterrada en Japón. Una necrológica advertía: "Es probable, y de hecho así se reconoce en Europa y en este país, que ninguna señora americana haya tenido un elenco más cosmopolita de amistades ni una gama más variopinto de intereses que la señorita Skidmore (sic)".

Cada primavera, Washington D.C. celebra de forma espontánea su legado. Tras su primer viaje a Japón, en 1885, Scidmore pasó casi 30 años animando a que se plantasen cerezos -"la estampa más bella del mundo"- en el Tidal Basin. Su efímera floración atrae cada año a más de 1,5 millones de habitantes.

Fuente: National Geographic.

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