El monte Carmelo

Uno de los emplazamientos más sagrados mencionado en el Antiguo Testamento es el Monte Carmelo, la montaña en la que Elías luchó contra los falsos profetas del dios fenicio Baal. La lucha se llevó a cabo mediante un concurso de milagros, que Elías acabó ganando afirmando que durante tres años no llovería. Entonces, reunió a la gente de Israel en las faldas del Monte Carmelo y acabó con la vida de los profetas de Baal.

A pesar de que no existen pruebas arqueológicas de la vida de Elías, el Monte Carmelo ha proporcionado numerosos datos sobre las actividades de las gentes del Paleolítico que vivieron allí hasta 200.000 años antes; estas gentes son de una importancia clave para comprender la evolución humana. Los yacimientos de las cuevas de Tabun, el Wad, Skhul y Kebara atrajeron la atención de paleoantropólogos por primera vez en los años 20 del siglo XX; en los años 50, los avances en los métodos de dotación ayudaron a determinar quiénes habían ocupado el lugar, fijándose en el estilo de las herramientas de piedra encontradas.

Los primeros habitantes fueron Homo Sapiens primitivos, que se parecían más a los neandertales europeos que a las personas de hoy en día. Usaban herramientas rudimentarias como hachas de mano y raspadores elaborados con trozos de piedra. Más adelante, en el Paleolítico Medio, adoptaron la técnica Levallois (el nombre proviene de un yacimiento francés), más elaborada, en la que se golpea un bloque de sílex para obtener pedernales de determinada forma y tamaño. Y aún más tarde las herramientas se fabricaban sobre rocas planas, como si de una fábrica se tratara, de manera parecida a como se hacía en un yacimiento famoso en Aurignacian, Francia.

Los rostros de rasgos exagerados son un tema común
en las obras de las primeras civilizaciones.

La dieta de los primeros cazadores

Los análisis realizados a huesos animales han revelado lo que estos primeros cazadores preferían para comer: la carne de cabra, cerdo, caballo salvaje, ciervo y gacela, figuraban entre lo más destacado del menú. Además, los huesos muestran, de manera general, el cambio del clima. Las excavaciones de los estratos del material de las cuevas revelaron diversos períodos en los que la carne de ciervo era mucho más frecuente que la de gacela. Las gacelas prefieren los pastos secos, abiertos, de zonas desérticas, mientras que los ciervos se decantan por los bosques y las tierras más cubiertas, típicas de climas más húmedos. Comparando los datos de los huesos con datos conocidos sobre los avances en la Edad de Hielo en Europa, se pudo construir una interpretación general sobre las cuevas del Monte Carmelo.

Otro hallazgo interesante fue el de esqueletos de homínidos en las cuevas de Tabun y Skhul. Estos hallazgos parecen indicar que los habitantes del Carnelo poseían tantos rasgos neandertales (como una frente pronunciada) como rasgos de humanos modernos (una frente alta). Tal combinación implica que hubo algún tipo de transición evolutiva entre el hombre de Neandertal y la humanidad tal como la conocemos hoy en día. La mayoría de los antropólogos acepta hoy día que los hallazgos de 100.000 años de antigüedad de Skhul, junto con los de Qafzeh, cerca de Nazaret, son ejemplos de los primeros humanos modernos y que datan exactamente del mismo período que esqueletos claramente neandertales hallados en Tabun. Vivieron en el mismo barrio, al mismo tiempo.


¿Quién mató al hombre de Neandertal?

La solución al enigma de la desaparición del hombre de Neandertal es, a día de hoy, pura conjetura. Sin embargo existe una teoría muy original que es el resultado de estudios genéticos del ADN, los cuales han mostrado que los perros domésticos han sido los mejores amigos del hombre desde hace más tiempo del que se pensaba. Un estudio afirma que las tres cuartas partes de las razas caninas modernas descienden de una loba que vivió hace más de 100.000 años. La teoría, expuesta por el Dr. David Paxton, un veterinario australiano, afirma que los lobos "adoptaron" a los humanos al darse cuenta de que los primeros asentamientos eran una fuente inagotable de desperdicios y restos de comida. A los humanos, los lobos les eran útiles como guardias y para cazar. Y lo que es más importante, liberaron a los humanos de la necesidad de poseer el sentido del olfato muy desarrollado, pudiendo así evolucionar las características faciales de los humanos para facilitar una habilidad más sofisticada: el habla. La idea de Paxton se apoya en algunos datos comúnmente aceptados sobre el hombre de Neandertal. Uno de ellos es que no se asociaba demasiado con lobos; el otro, que mantuvo una estructura craneal que dificultaba la capacidad de hablar.

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