Por qué la república no es la solución *

Cuando Nueva Revolución me invitó a participar en el Especial Segunda República, acepté sin dudarlo, pero quería y debía ser incómodo con esta reflexión a toro pasado. Desde el principio he sido consciente de que iban a ser publicados muchos artículos celebrando la II República, al mismo tiempo que pidiendo y argumentando el advenimiento de la Tercera pero, contrariamente a lo que muchos piensan, una tercera república no solucionaría ninguno de los problemas de este país. Me explico.



Soy republicano a ultranza, siendo sincero, en mi familia lo somos todos y, como detalle, aún no sabemos en qué cuneta está pudriéndose uno de mis abuelos. Ya saben, hay muertos de segunda. Por conocer la Historia, siento una especial aversión por las monarquías legitimadas por un derecho divino como la que padecemos. Tengo alergia a que la iglesia sea uno de los pilares fundamentales del Estado, a que el concepto de “patria” sea algo intocable, y a que haya una familia, a la que “Dios ha legitimado”, que vive de cojones a nuestra costa, algo que la mayoría de este país, incluido el PSOE para nuestra desgracia, aplauden y defienden. En este sentido, me parece curioso que haya tantos hipócritas criticando ferozmente la imposible separación de religión y Estado en el mundo islámico, al mismo tiempo que enarbolan la bandera de una monarquía católica cortesía de los putos godos. Pero nada de esto sorprende, el origen de todos nuestros males es el jodido franquismo sociológico que habita en los españoles como si de algo genético se tratara. El cabrón del caudillo sabía muy bien lo que hacía: la famosa trilogía “Dios, patria y Rey” impregna por completo a la clase media española. Y lo peor de todo es que, desde la izquierda, no somos capaces de darle la vuelta a la situación mediante el voto. Y es aquí donde radica la verdadera raíz del problema, no en el modelo de gobierno, sino en los políticos que lo ejercen y quienes les votan. Ojo con equivocarse con el diagnóstico porque eso supone un mal tratamiento y, por ende, un agravamiento de la enfermedad.

Ya han sido escritos en esta tribuna varios artículos defendiendo la República como la única forma de convertir a este país en una democracia de verdad, e incluso identificando a la República con la izquierda y a la Monarquía con la derecha, y eso es un grave error. Ambos conceptos son sistemas políticos, formas de gobierno, y no pueden ni deben ser nunca equiparados a ideologías. Todos conocemos republicanos de derechas y monárquicos de izquierdas, así que por eso escribí este primer artículo, para explicar muy sintéticamente cómo se han ido creando los sistemas de gobierno parlamentaristas y que se comprendan las diferencias. Es algo que, a pesar de ser de Perogrullo, no todo el mundo alcanza a ver, o no quiere ver. La III República en España, desgraciadamente, no solucionaría nada, porque el problema no es la forma de parlamentarismo adoptada, sino la calidad y la talla democrática de los políticos que nos gobiernan. Nos gobiernan tipos chorizos e incultos, cuyo único mérito es haber ido bajo palio, y que nos hacen pasar vergüenza ajena en otros países, y si no ¿cómo se explica que subvencionemos con dinero público a una fundación que hace apología de la dictadura sin que nadie se sonroje?. 

En otros países la derecha no es tan reaccionaria y arcaica como aquí porque no está impregnada de esa repugnante ideología que nos inculcaron a base de crímenes y represión durante 40 años, pero hemos ido a parar al mismo sitio, a uno llamado Unión Europea. ¿Y acaso en la UE, repúblicas como Alemania, Italia, Francia o Grecia, por citar algunas, no han sido, o son, gobernadas por políticos de derechas? ¿Y qué me dicen de EE.UU., la república por excelencia, en la que ha llegado a lo más alto uno de los tipos más infames que pueda existir? Piensen en ello, porque en este país el presidente de la República sería Mariano Rajoy, nos guste o no. 



Y añado una última cuestión sobre la que reflexionar, por que ya va siendo hora de que pensemos por nosotros mismos: una república en el contexto global actual no serviría de nada. Lo he dicho y repetido mil veces en los últimos meses, en Europa gobierna la Troika, no nos pongamos una venda en los ojos. La izquierda no puede combatir el destructivo capitalismo en ámbitos nacionales, lo tiene que hacer en un radio de acción mucho más amplio, internacional. ¿De qué sirve una república en España gobernada por Podemos si luego se va a tener que plegar a lo que digan en Bruselas? No hace falta que me respondan, no hay más que mirar a Grecia para saber lo que ocurriría.

No es posible empezar a construir la casa por el tejado: ¿cómo vamos a llegar a un gobierno republicano con un país al que la monarquía “le pone”? ¿Cómo vamos a llegar a una república con un partido socialista en el que la unidad de la patria es un “universal” intocable? ¿Cómo vamos a lograr avanzar hacia el socialismo si hasta en la izquierda más radical creen en la UE? En este punto reconozco que me pone furioso que el discurso antieuropeísta haya sido capitalizado en su totalidad por la extrema derecha, mientras la izquierda ha abrazado como un monguer la creación de una Europa de Estados horriblemente planificada, en lugar de defender una Europa de los Pueblos. Acojonante. Y lo curioso que la mayoría sigue sin verlo… Y mientras la izquierda se diluye en interminables discusiones filosóficas y políticas que no conducen a nada, o a montar escraches y broncas en las redes sociales, la derecha nos copia las tácticas de antaño y triunfa. En Venezuela, la derecha va a tumbar el gobierno llevando el enfrentamiento a las calles con el apoyo de los poderes económicos. Aquí el conflicto lo hemos llevado a Twitter y Facebook. Y nos desgañitamos pidiendo la Tercera República. Para llorar.




* Artículo original publicado en Nueva Revolución el 21 de abril de 2017.

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