Las tres vertientes del nihilismo según Nietzsche

Nietzsche pretendió –en primera instancia- ofrecer un diagnóstico de la actualidad en el que se debe conseguir poner de relieve factores profundos y no solo superficiales o coyunturales. Y el término “nihilismo” pretende ayudar en este propósito. ¿Qué es el nihilismo?

En primer lugar es un complejo y escurridizo proceso histórico que está empezando a imponerse en el seno de la modernidad occidental y que va a marcar –dice Nietzsche proféticamente- “los próximos dos siglos”. Aún así, a pesar de ser un acontecimiento nuevo, tiene sus raíces en una larga historia que arranca en el platonismo griego y pasa por el cristianismo medieval, etc. El nihilismo –la llegada al mundo de los procesos ‘nihilizadores’- coincide con lo que llama provocativamente la “muerte de Dios” (siendo ‘Dios’ un emblema para referirse a todo aquello que se postula como fundamento último del mundo). Cuando “muere Dios” –la entidad máxima, lo que está por encima de todo- llega el nihilismo al mundo y se extiende por todas partes (con él “todo lo sólido se desvanece en el aire”). Dicho con más precisión: el nihilismo consiste en que los Valores Supremos (la Verdad, el Bien, la Belleza –considerados como valores absolutos, indiscutibles, trascendentes, sublimes) se desvalorizan, pierden de repente todo su valor, dejan de marcar metas y de orientar la vida en el mundo.

De la crítica de Nietzsche a la cultura de la décadence.

Por otra parte, el nihilismo posee tres vertientes o aspectos centrales:

a) Una cara negativa. El caer repentinamente en la cuenta de que los Valores Supremos “no valen nada” provoca en la humanidad occidental un desengaño traumático (similar al del niño que creía en los Reyes Magos y un buen día conoce la verdad al respecto). El nihilismo conlleva por lo tanto un enorme proceso de descomposición y de decadencia, de desorientación, de pérdida del norte. Toda meta o propósito individual y colectivo parece que ya no conduce a nada (impera pues el ‘sálvese quien pueda’).

b) Una cara positiva. A pesar de que no haya, propiamente hablando, Valores Supremos (absolutos, eternos, etc.) puede llegar a emerger una forma de vida sostenida por valores vitales en los que la vida no esté reprimida ni constreñida; el nihilismo es pues también una oportunidad para dar con algo mejor que las formas de vida que cuajaron a la sombra del platonismo cristiano de occidente.

c) La tercera vertiente es la conjunción de las dos anteriores. El nihilismo es un proceso ambiguo, dibuja un escenario incierto –una auténtica encrucijada- en el que cabe lo peor (la destrucción, la aniquilación, la extinción) y lo mejor (una vida alentada por la voluntad de poder y bajo la pauta del eterno retorno –por acudir al núcleo de la propuesta filosófica de Nietzsche).

En resumen y como conclusión: la primera vertiente del nihilismo es negativa, la segunda es positiva y la tercera alude a la duda de cuál de ellas terminará prevaleciendo en la historia del mundo. Así la pregunta final de Nietzsche es esta: ¿podrá superarse el nihilismo que está marcando ahora el devenir del mundo moderno occidental?

El eterno retorno de lo mismo.

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